en América Latina existe, Bolivia cambia

Lo que no me gusta del bono Juancito Pinto

El spot es de lo que más risa me dio en Bolivia, pero se convirtió en mueca agría al pensar su calada, al ver qué significaba.

Me agrada el esfuerzo de inversión que se hace desde el Gobierno en educación y más aún en lo que aquí llamamos colegios públicos. Hace falta promover una educación y un servicio médico para todos para poco a poco crear una necesaria clase media y un buen estrato de conocimiento. Que los bolivianos sepan que su futuro no está determinado sólo por donde nacieron, sino también por los méritos que puedan obtener con su trabajo y esfuerzo.

La cuestión es que cuando llegué allí se terminaba el curso escolar y comenzaba el cobro del bono Juancito Pinto. El nombre viene de un héroe infantil y el bono consiste en 200 bolivianos como ayuda escolar. Se trata con esta cantidad de incentivar el estudio para que los críos no abandonen la escuela y los padres no les pongan a trabajar. Hasta ahí estamos de acuerdo, las intenciones son buenas.

El lado malo está en las formas: el bono se cobra asistiendo a un cuartel con la identificación y el estudiante ha de ir con su padre, madre o tutor. Es decir, el dinero lo dan los militares. Como método logístico vale, pero no se trata de lavar la imagen de los militares, sino de ayudar a los más jóvenes. Por otro lado, ¿es una cantidad significativa 200 bolivianos? Seguramente no demasiado, y por las fechas en que llega tiene muchas posibilidades de terminar en compras navideñas o caprichos, pero en nada relacionado con la escuela. Pero la verdadera preocupación que me deja es: ¿debe el estado dar dinero en metálico a los niños? No, por muchos motivos: debe darles libros, herramientas para aprender, modales, clases, comida, pero no dinero. Se crea un mal precedente y un mal hábito.

Bien por la intención del Gobierno al querer fomentar la educación y alfabetizar plenamente el país. Mal por la forma: ni se debe dar en metálico, ni de manos de los militares.