en Así no, Política, Pongamos que hablo de Madrid

Gallardón nos deja peras y manzanas

Confieso que muchas decisiones de Gallardón me tocan las narices, como los parquímetros, las subidas del IBI y, sobre todo, sus obras faraónicas, pero también le reconozco una ciudad más cuca, poco transitable y tan encantadora como siempre. Madrid lo puede todo. Y seguramente las decisiones tomadas habrían sido muy parecidas si hubiésemos tenido otro alcalde. Además, Manzano era entre cuarenta y cincuenta veces peor.

La cuestión es que se va y, no me lo esperaba, me da pena. Yo le veía como el próximo presidente del Gobierno que tenga el PP, quizá porque me parecía el menos malo. Gallardón recoge velas y deja la política el 9M, tras las elecciones. El PP pierde un valor seguro, un trabajador y un ejecutor con capacidad de llevar a cabo proyectos, de negociar, de cuidar la imagen. De permitir colas para ver al Cristo los viernes por la tarde y montar al día siguien una invasión gay a nivel europeo sin que la metrópoli se escandalice. Mariano ha sacado la guadaña, tan calladito él, tan como quien no quiere la cosa. Espe se ha salido con la suya. El golpe de efecto de Pizarro y sus dos mil millones en el bolsillo le va a costar caro. ¿A nadie le da vergüenza lo de «antes alemana que catalana»? A mi mucha. Con el abandono, más que posible, de Gallardón se dice adiós a las escasas posibilidades de un partido de derechas medianamente moderado o dialogante en España, al menos en el futuro más próximo. El ala más dura del PP sale triunfante. El ala de las líneas de investigación, el ala de los neocons

Lo que llevo peor es tener a Ana Botella de alcaldesa, no sólo por el personajito en sí, sino por el alcalde consorte