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Frío, por fin

No me gusta el frío, pero… ¡ya iba siendo hora!

«Salamanca tiene dos estaciones, la del tren y la del invierno».

Acabo de llegar. En Cáceres ha sido un placer trabajar. Junto con la gente de Valencia han sido los más receptivos.

Salamanca es mi «otra casa», mi bombona de oxígeno antes de llegar a Madrid. Al pasar por Tribuna me sentí contenta. Eran demasiados recuerdos de noches de cierre y después copas, una tras otra. De gafas rotas, de máquinas de escribir voladoras, de artículos de la impresora a la papelera… Pero también de alguna que otra portada firmando, de satisfacciones efímeras y «enemigos íntimos». Tribuna para mi fue mi gran primer amor; para Alfonso, su amante. Qué rara se me hace esta ciudad sin Navalón.