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Acerones

Me los comía del campo, tal cual. Fueron a preguntar a Néstor, mi pediatra argentino: «Che, no pasa nada. Que lo coma. Tienes más hierro que un plato de lentejas». Y me dejaron seguir comiendo «yerbajos» de entre las piedras.

El domingo me los trajeron del pueblo y los tienen en agua. Para que tenga mi propia magdalena proustiana cada mañana en forma de trago ácido y tacto rugosito.

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Comentario

  1. Qué curioso, yo también comía hierbas de chica. Algo muy común entre los niños de campo (el panyquesito, las carretas, raíces dulcísimas, espigas verdes de cereales) pero es que yo en la actualidad también las sigo comiendo, molondroño mío.