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Vivir con la censura

La primera charla de después de comer es la más geek, o al menos, la más técnica, en la que se enseña a trastear para tener conexión, saltar cortafuegos e impedir caer en las redes de la censura.
CJ Hinke de Freedom Against Censorship, contó cómo tratan de cortar las alas a muchas webs para que no puedan emitir. Los delitos digitales, como es tener un blog «inconveniente» en este país puede ser penados con hasta 20 años de prisión.
Helmi Noman, investigador en Oriente Medio y Norte de África, relató la situación de la zona en que trabaja. Por ejemplo, para tener un cibercafé en hay que tener el lugar organizado de modo que el dueño pueda ver en dónde navegan. La herramienta más usada para no ser encontrados son programas que sirven para navegar desde IP anónimas.
John Kennedy puso sobre la mesa cómo pasan las fronteras digitales en China. En la mayor parte de las veces se replican los posts en otros blogs a los que no están fácil entrar, se coleccionan y se mandan por email. Aunque los bloggers han conseguido colarse en sitios donde no se les «esperaba», sí tuvo una visión positiva: «En China se quejan mucho de lo que no se puede hacer, pero hay muchas posibilidades, muy divertidas y creativas, para crear en la red».
Rezwan, de Bangladesh -un país con alrededor de un millón de internautas-, destacó que mcuhos de los bloggers conocidos y castigados por sus opiniones son periodistas que se han refugiados en las bitácoras para gozar de la libertad que no tenían en sus medios. También ocurre con los dibujantes de viñetas. Se contabilizan casi 100.000 bloggers; la mayoría son bangla-blogs.
Andrew Heavens, testigo de mucha censura y víctima en los últimos años, más aún desde que está establecido en Sudán y anteriormente en Etiopía. Su situación parece haberte tocado la moral: «La censura no es no poder decir cosas, sino vivir amenazado, con miedo y sin poder hacer lo que deseas, es desmoralizarte hasta hacerte perder la ilusión». Su formación de periodista le permite seguir luchando: «En cada país hablo con todo el mundo, pregunto, consulto, no me canso. Siempre creo que encontrarte una gargante profunda en cualquier esquina». En Etiopía cada vez hay un menor número de blogs, sobre todo a partir de 2006.
De los comentados, el caso más sangrante fue el de Tariq Baiasi, de Siria, que fue condenado a tres años de cárcel, en principio eran seis, por comentarios vertidos en un blog y publicación de fotografías.

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