Adiós a mi primer cate

A primera hora en Atocha me compré EL PAÍS. Me lo leí casi todo, ahora que viene finito… Encontré una esquela cuyo nombre me sonó: Fernando Ripoll Molines. Fue el primer cate en la carrera, después vinieron más. Entonces comenzó mi fase “El Cordobés”: “O te compró un piso o llevarás luto por mi”. Lo mío era cosa de enfermería o Puerta Grande, no había término medio…

Nunca olvidaré la revisión de examen. Volví cateada pero tan feliz, convencida de lo bien que lo haría en septiembre. Me lió y yo ni me di cuenta. Cateada y feliz, ¡qué cosas! Entendí desde entonces lo de la Agenda Setting y la disonancia cognoscitiva de Leo Festinger (“lo del típico tengo que dejar de fumar, lo hago cuando quiero pero qué rico me sabe el tabaco, lo dejo cuando me dé la gana”…)

Cuenta la leyenda que fue militar y por avatares de la transición terminó de profe. Lo ignoro, pero me hizo aprender. No sólo a estudiar su tocho de memoria, sino a mirar las cosas de otra manera y despreciar la facultad.

Nunca olvidaré lo que le dijo en septiembre a una compañera: “No sé por qué se presenta, así tan morena, se nota que no ha estudiado nada”.

Descanse en paz el responsable de que tuviésemos periódico con un sólo número al año y unas aulas de informática en las que no se podía mirar el correo o muchísimos sitios que a sus ojos no eran lo recomendable.

¿Cueces o enriqueces? Los widgets de ELPAÍS.com

Cuando llegué a ELPAÍS.com me encontré con una comunidad de blogs bonita, pero todavía por hacer, con pocas plantillas, con comentarios a los loco, con pocas herramientas que fomenten la interacción entre los propios bloggers y, además, sin estadísticas y con el lateral derecho muy “arcaíco”.

Hoy el periódico estrena Widgets y La Comunidad una mejora que nos pone al nivel de las mejoras plataformas de blogs, con su flickr, su twitter, RSS, feevys… Estoy contenta. Gracias a todos los que con su esfuerzo lo han hecho posible.