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Un gimnasio para mayores

Al despertarme de la larga siesta, mi abuela me dijo que el alcalde quería verme. Me pregunto por qué; hace dos veranos que dejé de escribir del pueblo y no me meto ya con nadie, ni cuento historias ni nada divertido. Fuimos al Ayuntamiento, aunque era fiesta porque había algo así como un planetario para los críos en el salón de actos. Era tarde, así que fuimos rumbo a la piscina, al Cancho y a ver a Juli y Aurora. De paso vimos a una señora de 101 años, tía Leoncia, al fresco.

Nada más pasar la Ermita de San Roque mi abuela me enseñó el gimnasio de mayores que han puesto. Ella está muy ágil, como se ve, pero por si acaso a alguno se le va la mano, está junto al consultorio médico. A mi más que un gimnasio me parecen «columpios perennes para adultos».