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Bullying en mi cole

Apenas la habíamos echado en falta, pero un buen día las profesoras nos pasaron medio folio a cada uno. Nos pidieron que escribiésemos qué le habíamos hecho cada uno de nosotros a Vanessa. Alguno dijo: «¿Qué Vanessa?». Otro contestó: «La Pony». Y todos, entre risas, miramos para abajo.

La profesora se mosqueó bastante y dijo que eso era el problema. Que no venía a clase por nuestra culpa. Recuerdo lo que puse: «Cuando hablo con ella, le dije «pony» pero la separé cuando Susana le pegaba en el recreo detrás de las pistas». Cada uno fue dando su papel.

Nuestra compañera era hija única, apenas hablaba, era más que tímida. La leyenda urbana decía que alguno de nosotros la había visto en la feria, ya con 12 años subida en los ponys -esos que van en rueda y es imposible que pase nada- con su padre. Se quedó con el mote. Igual que Cristina era «la moco» porque se decía que los pegaba debajo de la mesa. A mi me decían «Roseta, eta, eta, motoreta», como una cancioncilla y me daba igual. Bueno, creo que a mi era como con cariño y lo de la Pony no tanto.

Vale, los niños erámos unos cabrones, pero vamos, los profes… mira que no darse cuenta. Resulta que Vanessa tenía una depresión de kilo y medio. Tanto que estaba perdiendo muchos más kilos. Estaba con anorexia ingresada en el Niño Jesús. La madre vino a hablar con la clase bastante enfadada. Alguno hasta lloró con la bronca que nos cayó. Parece que los de 5ºA no éramos tan duros como pensábamos…

Todo esto pasa en los colegios e historietas mucho peores. Muchos de estos problemas se pueden arreglar, no sólo como hicieron con nosotros, sino también dando herramientas al niño acosado para ser fuerte y resolverlo.

CQP 1.0 es ideal para esto. Bárbara Meneses Montgomery y Craig Stuart Gartner lo ofrecen gratis en su web, monjes locos.

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Comentario

  1. Mi colegio era la Meca del acoso escolar, no he vuelto a ver más crueldad en mi vida. Con la Power (derivación refinada de Patata) batimos el récord: te rozaba y comenzabas a correr y a gritar como un poseso: «¡Aaaagggghhh, tengo la pesteeee, tengo la pesteeeeeee!». Así un día y otro y otro y otro…
    Al Momia le tocaba casi siempre estár en el centró de las melés, que era algo parecido a las lapidaciones, pero en vez de a pedradas, a hostias. Medio patio lo rodeaba, empezaba a hacer «¡eeeehhhhhh!» enseñando los pulgares hacia abajo y se ponía en marcha la maquinaria de las hostias. Cuando llegaban a rescatarlo, el pobre Momia se había llevado ya unas cuantas miles.
    ¿Motes? Que te dijeran Fofy, Poty, Guas, Kubota, Gusiluz, Gallina, Cien Higos, etc. se podía llevar. Ahora, te tocaba Follacabras y ya no levantabas cabeza.
    Todo esto que parece muy gracioso no tiene ni puta gracia. De ahí salió gente que tocada. Cuánto hijo de puta hay en los parvularios.