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La milanesa y su historia

Cada día se repite a eso de las 14 horas la misma operación. En la redacción web de Clarín.com, Eze descuelga el teléfono y pide su milanesa napolitana de rigor.

Es uno de los platos más típicos de Buenos Aires. Gastón y Victoria me llevaron a comer a un sitio motivo de propio restaurante: El Club de la Milanesa al tiempo que veíamos la final de la Davis.

Las hay riojanas, completas, de pollo (se suelen llamar Supremas) o de soja (que me gusta más). La napolitana es la habitual, con queso derretido y tomate, además de una pizquita de orégano. Este recurso se usa también para el sandwich.

En el mantel del Club de la Milanesa explicaban la historia de este clásico de la gastronomía porteña:

«Dicen los que saben que en la época del Barroco Europeo, la manía de cubrirlo todo con oro llegó al extremo de rebozar los alimentos en este noble material. La idea era lograr cierto status y demostrarle al resto de la sociedad el poder económico de aquel que se animaba a tan extraño plato. No faltó mucho tiempo para que se dieran cuenta de lo caro, poco higiénico y nada saludable que resultaba tal excentricidad. Fue entonces que a un creativo cocinero se le ocurrió usar huevo y pan rallado para simular los hermosos dorados del oro en los alimentos. Así nace la primera milanesa. Sin embargo, nada es tan fácil cuando de historia se trata. Los Austríacos tenían sus propios escalopes (única forma de rebozado conocida hasta el 1600). Dicen que un general austriaco fue a Italia a reprender a unos insurrectos, cuando se encontró con la receta de un rebozado con fecha anterior al escalope austríaco. Y ahí empezó el largo camino de la adjudicación de la autoría de la milanesa… alemanes, austríacos e italianos discutieron durante siglos sobre quién era el autor de este noble plato. A nosotros nos gusta más la historia del cocinero que usando su imaginación logró convencer a sus exigentes comensales de estar comiendo oro cuando en realidad se estaban clavando tremenda milanesa tal y como vos estás por hacer ahora.

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Comentario

  1. un compañero esta comiendo una en estos momentos.
    y en cunado a la milanesa de Soja es un Plagio, tranquilamente podría ser la copia china de mala calidad de una milanesa real :P
    Me gustaría agregar que la modalidad «sandwich» se puede usar pan saborizado a cebolla o queso. Para elevar la experiencia, nada mejor que una Coca Cola o Pepsi bien fría, y una porción de Papas fritas!
    Saludos y gracias por despertar mi apetito.

  2. La de la última foto es parecida a una que me comí en Plaza Serrano, Palermo. No se si la autora conoce ese sitio :-)

  3. Sí, gracias a ti probé el puré de calabaza (que en la foto aprece un helado de naranja). El sitio, que dentro tenía un gato genial en el sofá, se llama Bar Abierto. Por cierto, tenían wifi. ;)

  4. Efectivamente, como casi todos los días milanesa a la napolitana. Se debe a una costumbre de familia. Ahora que ya la conocés bien, la próxima vez que vengas tenés que probar las milanesas que hace mi vieja. No vas a querer dejar este mundo nunca más =)

    Saludos y muy bueno el resumen con la historia de la milanga. Todavía no fui a El Club de la Milanesa (que por lo que veo hasta suerte trae, por la Davis), pero ya estoy preparando una incursión para ir a degustar.

    Abrazo gigante.

Webmenciones

  • La milanesa y su historia en Vida Casi Digital 05/12/2008

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