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Silencio, ellas ruedan

Nunca me ha gustado eso de “sólo para chicas”, de hecho aunque le debo a Chiqui y la gente de BRM sobre mi experiencia en el Gimnasio Arsenal femenino en Madrid, pero con el tiempo me he dado cuenta de que en ocasiones hace falta. No me gustan las cuotas, pero observando la realidad cada vez veo más necesario evidenciar el trabajo de las mujeres para que muchos que no lo hacen lo consideren igual que valioso que el de los hombres.
Puede que por mi situación en casa nunca antes fuese consciente hasta que he paseado un poquito por el mundo y he visto que vivía en una burbuja. Mi casa no es lo normal. En ocasiones me entristece ver cómo muchos hombres que aprecio y me consta que me aprecian entienden la igualdad de una extraña manera o tratan de hacer como ese anuncio de la “Elena Salgado” ama de casa y ministra de Economía. No se trata de vender a la ama de casa wonder-woman, sino de entender que se hace el trabajo igual que un hombre, pero hay que “venderlo” el doble. En realidad hay que todo el doble porque parece que hay una necesidad constante de demostrar y un stress añadido en ello.
Por eso he comenzando a entender la importancia y necesidad de las cuotas. Y ¡ojito! que nadie caiga en el “pobrecitas, necesitais ayuda”. No es eso me temo.
¿Por qué me he enrollado tanto? Porque quería recomendaros que os deis una vuelta por el Femitic, un festival de cine hecho por chicas, pero no necesariamente “para chicas”. Porque se trataba de romper el círculo, de acabar con la endogamia, de llegar a la igual real, ¿no?

Nunca me ha gustado eso de “sólo para chicas”, de hecho aunque le debo a Chiqui y la gente de BRM sobre mi experiencia en el Gimnasio Arsenal femenino en Madrid, pero con el tiempo me he dado cuenta de que en ocasiones hace falta. No me gustan las cuotas, pero observando la realidad cada vez veo más necesario evidenciar el trabajo de las mujeres para que muchos que no lo hacen lo consideren igual que valioso que el de los hombres.

Puede que por mi situación en casa nunca antes fuese consciente hasta que he paseado un poquito por el mundo y he visto que vivía en una burbuja. Mi casa no es lo normal. En ocasiones me entristece ver cómo muchos hombres que aprecio y me consta que me aprecian entienden la igualdad de una extraña manera o tratan de hacer como ese anuncio de la “Elena Salgado” ama de casa y ministra de Economía. No se trata de vender a la ama de casa wonder-woman, sino de entender que se hace el trabajo igual que un hombre, pero hay que “venderlo” el doble. En realidad hay que todo el doble porque parece que hay una necesidad constante de demostrar y un stress añadido en ello.

Por eso he comenzando a entender la importancia y necesidad de las cuotas. Y ¡ojito! que nadie caiga en el “pobrecitas, necesitais ayuda”. No es eso me temo.

¿Por qué me he enrollado tanto? Porque quería recomendaros que os deis una vuelta por el Femitic, un festival de cine hecho por chicas, pero no necesariamente “para chicas”. Porque se trataba de romper el círculo, de acabar con la endogamia, de llegar a la igual real, ¿no?

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