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Piratas a la fuerza

Me interesa mucho lo que plantea hoy Luisgé Martín en un artículo titulado «Confesiones de un pirata arrepentido».

Yo pirateo por interés cultural y por tacañería. Para conseguir lo que no puedo conseguir de otro modo y para conseguir lo que podría comprar pagando. No se me ocurre, sin embargo, sentir orgullo ni convertir en noble lo que es solamente un fraude. No dejo de piratear, egoístamente, porque sé que la solución al problema no es el acto ético individual, sino la acción política, la regulación, la intervención del Estado para proteger los derechos vulnerados: los de los creadores y los de las empresas que han invertido en ellos y que esperan, con toda lógica, una rentabilidad. No dejo de piratear pero estoy deseando que me obliguen a dejar de piratear.

Reflexiona sobre algo que está muy en la línea de los argumentos esgrimidos por el admirado Hernán Casciari.

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