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Grandes éxitos de Massiel, un compromiso

Bajaba hace un rato a comprarme una ensalada en uno de mis sitios favoritos de mi barrio adoptivo en NYC, The Bread Factory cuando me encontré con uno de los señores de mantenimiento del edificio.

Ya sabeis de mi facilidad para hablar con animales, paredes, tipos extraños y cualquier persona. A veces, hasta hablo con máquinas, sobre todo si desarrollo algún vínculo afectivo con las mismas. Caso de mi iPhone. Lo mismo sucede con Manzanito, nótese que hasta he bautizado al MacBook…

La cuestión es que en el edificio en que suelo quedarme en Nueva York hay porteros y servicios 24 horas. Uno de ellos es un encanto de piel azabache, de esos que sino fuera por el blanco de sus ojos y lo impecable de su sonrisa no distinguirías en la oscuridad. Suele saludar con un gesto muy personal que Moeh imita con cercanía al original. Otro de ellos es filipino; entiende el español porque lo estudió en el colegio. Cada vez que me habla lamenta no haberse empleado más en la escuela. Le gusta hablar conmigo de deportes, especialmente de fútbol español, de Rafa Nadal. Opina, además, que Ricky Rubio, a pesar de no salir en el draft en la posición que soñaba, tendría que haber comprado su libertad y venirse a la NBA.

Al pasar la puerta estaba esta noche con su traje uno de los curris cuyo nombre desconocía hasta hoy. Sabía que era chileno y conocía su función pero desconocía el nombre.

Lore, mi benefactora, es muy ordenada. No escatima en órdenes, detalles y explicaciones para sus huéspedes. Así sé dónde puedo encontrar cualquier servicio de guardia en el barrio, comprar lo que haga falta y pedir ayuda concreta si sucede algo. Así doy entre 1 y 5 dólares por llevarme las maletas. Depende de las ganas con que me las traigan, amabilidad y el número de bultos a llevar. En cualquier caso, hago ademán de llevarlas porque me da apuro que otros carguen por mi. Al momento, me sonrojo en pensar en el apuro de ellos: «Esta tía filocomunista quiere quitarnos el trabajo llevando sus propias maletas» y termino cediendo con cara de bochorno extremo. No hay solución; me pasa siempre.

José es de los que lleva «hardware», no os creais que es algo de cacharritos, al contrario. Es lo que tiene que ver con chatarra, mantenimiento y todo lo que nos haría un portero español al uso. En el «vademecum» del edificio figura que si se me funde una bombilla me la cambiará este esforzado profesional, con sonrisa tatuada, y yo le haré entrega de una propina de 20 dólares por su efectivo servicio. Hasta el momento no he necesitado su ayuda. Tampoco para el tema de los fusibles. Ya tengo yo cuidadito de no poner el microondas, la tele y el ventilador a la vez.

Hoy cuando me disponía a pasar el umbral de la segunda puerta, me paró este señor con toda educación.

– ¿Cómo vas, chica? ¿Hasta cuándo por aquí?

– Hasta el 24 que vuelvo a España.

– ¿Pero volverás pronto?

– No lo sé, tengo a mi hermana viviendo más allá de la noventa hasta fin de año. Quién sabe…

– Ah, era para ver si con toda confianza podía pedirte algo. Te doy cuarenta dólares ahora.

(Le paro antes de que siga).

– Depende de lo que sea, pero si es fácil, claro. Seguramente mis padres vuelvan y te lo pueden traer ellos.

– Bueno, pues, cómo te diría… Llevo tiempo buscándolo pero no lo encuentro y tampoco lo conseguí por internet… es que, bueno, quería los grandes éxitos de Massiel.

(Aquí me pongo en momentazo WTF! y trato de mantener la misma cara que sólo unos segundos ante. Me temo que el portero no sabe que cada vez que me visto un poco de fiesta y llevo algo parecido a un chal, me prometo antes de salir de casa que no terminaré dando verónicas y pases de pecho como su ídolo musical en la boda de Enrique Ponce).

Conocía el La, la, la, la historia de Serrat y Eurovisión. Por supuesto, también que ganó el festival. Me hizo saber del cariño que se le profesa en Chile. De paso, me recordó algunas de las canciones más exitosas de la personal cantante. Vamos, que era como si tuviéramos una Aretha Franklin y yo sin enterarme.

Ante tanto entusiasmo, salió de mi el pirata servicial que todo español lleva dentro: «Si quieres me bajo las canciones y te dejo un cd en la portería antes de irme». No hubo manera, él quiere el «de verdad», el original. ¿Existe tal CD de grandes éxitos? ¿Alguien tiene el «Todo Massiel Greatest Hits»? Puede que sea fruto de su deseo más que una realidad, pero la cuestión es que no vale que me baje lo más conocido de ella y se lo tueste. Yo, sin complicarme más, lo veía tan fácil aprovechando la conexión de aquí…

Quedé con él en que trataré de conseguirlo, que me dé el dinero después y que mis padres (o quizá Elisa en octubre) se lo traerán. Le dije que no sabía cómo conseguirlo pero me enteraría.

Ahora me toca explicarles este especial encargo a mis padres o tía, ya veremos quién hace de paje. En el fondo, hasta me reconforta que sacara en la conversación ese triunfo en Eurovisión porque lo de «poyeya» y Chiki-Chiki como que no me toca el corazoncito rojigualda.

Pd.: Como le di mi tarjeta de moo es más que probable que lea este post. ;) Tengo que pedirle la suya para que la SGAE le mande un jamón por navidad.

Ppd.: A modo de anécdota añado que en este mismo edificio según este mismo clan de curris, vivió el hijo de Aznar cuando curraba en la ciudad.

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Comentario

  1. Sacas oro de un pedregal, muchacha! Lo de la bombilla me ha traído recuerdos de una discusión fuerte con mi «Janitor» empeñado en que yo no podía poner la bombilla (o el «bombillo») como dicen por el Caribe,que eso era tarea suya y, por supuesto, quería recibir luego su propina sindicalizada por decreto.

  2. Me parece extraordinario que alguien con conocimientos basico de español tenga gustos tan peculiares para la musica, pero si lo encuentras dime, de repente y estan algunos más que a mi mama le podrian interesar !!

  3. Hola Edu,
    José, el del encargo, es chileno. Habla español como tú y como yo, aún así, su petición me dejó con la boca abierta. Pondré por aquí lo que encuentre y si hace falta, traemos también un ejemplar para tu mamá.

  4. Lo que es esto del intenné…no nos hemos visto nunca, te conozco de leerte y tú ni sabes que te leo… pero anoche en una gasolinera de la A4 me acordé de ti al ver los grandes éxitos de Massiel que comenta Chiqui por 4.95€.