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Guerra progresista

Eran tiempos en que los políticos mandaban a la guerra a sus propios hijos. La perspectiva había de ser forzosamente distinta. Menos sencilla que ahora.

La profesionalización del ejército se contempla como una conquista social. Lo es, pero sólo para ciertas clases sociales. La propia palabra, «profesionalización», resulta engañosa: encubre en la práctica la proletarización de la guerra. Las élites ya no tienen que combatir. En primera línea de fuego se encuentra la gente más pobre (con abundancia de inmigrantes) y con menos alternativas laborales. Gente cuyas familias carecen por completo de poder de decisión. Gente obligada a callarse y aguantar. Es como los contratos-basura: progresismo contemporáneo.

Enric González habla, además, sobre Ted Kennedy en su columna «Guerra».