en Así no, Catalunya triunfant, Las chicas son guerreras

Una falacia machista

En los años casposos de la posguerra, años de una represión sexual intensa -especialmente para las mujeres-, ir de putas era considerado un mal menor, que servía para aliviar la soledad de hombres mayores y para dotar a los jóvenes con los mínimos conocimientos indispensables. En las primeras décadas de la democracia, ningún hombre joven habría alardeado de frecuentar prostitutas, ya que se consideraba propio de carcamales reaccionarios. Y, sin embargo, en las primeras décadas del siglo XXI, los hombres jóvenes lo consideran casi obligado.

Lo más curioso de esta situación es que si las compañeras de clase o de trabajo de esos puteros tienen una conducta sexual libremente promiscua son tildadas por ellos de «putas», tal vez con la intención de que se mantengan vírgenes hasta el matrimonio. Una falacia machista, ¿no creen?

Imprescindible la reflexión Gemma Lienas en EL PAÍS.