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Gracias, Mike (Bloomberg)

Ser alcalde de Nueva York no es un cargo cualquiera. Ruddy Giuliani pasó a la historia como el alcalde de las Torres Gemelas por la entereza que mantuvo y lo diligente que se mostró en tan sensible momento. Hasta entonces también era conocido por ser una suerte de David Copperfield que hizo desaparecer mendigos de las calles. Un día girabas en la esquina de siempre y ya no estaba el pedigüeño «de siempre», sin rastro, sin dejar un bote para recoger propinas o un email para seguirle los pasos. Creo que en aquel momento ni tan siquiera había Facebook.

El siguiente alcalde ha sido Mike Bloomberg, bueno, Michael. Tan modernillo con su TwitterMagnate de los medios y las finanzas, se le critica porque durante la semana está en Nueva York, pero el fin de semana, en lugar de disfrutar de las bondades de la Gran Manzana desconecta en una isla paradisíaca. Entre sus campañas están la de pagar mamografías de su bolsillo o abonar el importe de los «pinganillos» que sirve de guía turística en el MOMA. No está clara la línea entre lo que paga su empresa y la ciudad, pero basta con mirar los logos para saberlo.
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Por ejemplo, fuimos a Central Park, a ver cine gratis. Era una experiencia cívica, tranquila, chuli, y colectiva. Era cosa del ayuntamiento. Las palomitas con sabor a Oreo (extraña combinación que no me convenció), eran de su bolsillo (de su empresa, se entiende). Toda una experiencia ver entre té verde sin azúcar y nachos Ocean’s Eleven (de nuevo).

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