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Volcán Poas: ácido y amarillo

Los caminos está cuidados, no llegan a dar miedo como en Bolivia. No son así por falta de recursos, sino por ese compromiso con la naturaleza.

Después de transitar el serpentín, llegamos al Volcán Poas.

Dimos un paseo en el que poco a poco los pulmones se sentían cada vez más débiles.

El azufre calaba. Para colmo, no parecía haber mucha suerte. Las nubes estaban tan bajas que chafaban el espectáculo.

Sólo después de un ratito pudimos ver el espectáculo que se escondía en el cráter.

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