en América Latina existe, Así no, Hotel dulce hotel

Hotel Quality Congonhas: al menos eran simpáticos

Estaba infestado de campuseros, con nuestras mochilas y ordenadores en recepción, esperando que llegase la van. El horario, como imagináis, era orientativo.

Las habitaciones estaban bien, limpias, funcionales, cómodas. El baño, con ducha grande, secador. Las vistas de la habitación eran lo que se espera de un hotel junto al aeropuerto de Congonhas.

De ahí salen los vuelos al resto del país. La ciudad fue creciendo y las pistas dejaron de estar a las afueras de la ciudad. De hecho, en 2007, un avión se estrelló al aterrizar allí. Pasan muy cerquita de las casas. Algún día harán un monumento para las víctimas. Por ahora, se conforman con unos tablones de madera junto a la carretera en el que algunos ponen estrellitas y nombres de seres queridos. Por suerte el ruido de los aviones no se nota.

A pesar de ser el hotel de los miembros de Campus Party una peculiar conexión a internet. En recepción el wifi era de pago con la compañía “vex”. Para conectarse en la habitación era necesario pagar 10 reales en recepción por un cable RJ45, bastante corto; cumplía su labor.

El desayuno estaba bien, bastante típico de allí con su pan de queso y zumitos variados.

Mi problema, menor y divertido, estuvo con la recepción. ¡Me tomaban a chufla! No supieron decirme dónde había un cajero, qué restaurante cercano me recomendaban o, algo supuestamente fácil para ellos, señalar dónde nos encontrábamos en un mapa. Ah, decían hablan portuñol, pero no, sólo sonreían, ni español, ni inglés, ni francés, ni mi cutre alemán que hasta estuve dispuesta a usar…

La cuestión es que me fueron tomando confianza y como nunca podían resolver mis dudas, cada vez que me acercaba, empezaban con las risas, me daban un vale para mini-caipirinha o me tenían preparada una copia de la llave para que cargase los cacharritos, o un mapa extra. ¡Lo que fuese para deshacerse de mi antes de que abriese la boca!

Vistas desde la habitación

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