Mis padres en Google Street View
Internet, PTlife Ya van 8 comentarios »Creo que los coches de Google pasaron este verano por mi barrio…
Mi padre y mi madre yendo al “metadona”.
Creo que los coches de Google pasaron este verano por mi barrio…
Mi padre y mi madre yendo al “metadona”.
Imagina que el fabricante de vasos y tazas decidiese cobrar por el uso que tú haces de ese objeto que has comprado. Como no le parece suficientelo que has pagado, decide cobrar por el uso a ¿los fabricantes de bebidas, leche y cereales?
Suena raro, ¿verdad?
Estaba infestado de campuseros, con nuestras mochilas y ordenadores en recepción, esperando que llegase la van. El horario, como imagináis, era orientativo.

De ahí salen los vuelos al resto del país. La ciudad fue creciendo y las pistas dejaron de estar a las afueras de la ciudad. De hecho, en 2007, un avión se estrelló al aterrizar allí. Pasan muy cerquita de las casas. Algún día harán un monumento para las víctimas. Por ahora, se conforman con unos tablones de madera junto a la carretera en el que algunos ponen estrellitas y nombres de seres queridos. Por suerte el ruido de los aviones no se nota. Sigue leyendo…
La capoeira se popularizó con un anuncio de Nokia, unos tíos con kimonos-pijama hacían acrobacias en la playa. La caopeira era el arte marcial practicado en los quilombos de Brasil. Los esclavos se defendían con estas técnicas aunque lo tapaban como un rito espiritual africano.
Quedan dos tipos como expresión cultural: La de repartir leña y la de bailar. En São Paulo, en plena plaza de São Bento, un grupo llamado Clarão da Lua practicaba la de bailar aunque parecía que repartían.
Algunas de los saltos acrobáticos son propios de atletas olímpicos.
Capoeira en São Paulo from Rosa Jiménez Cano on Vimeo.
Triste y azul, aunque teóricamente dulce. Por menos de tres euros te llevas un panettone de Nestlé y te quedas la lata de conmemorativa de 50 años de Roberto Carlos. Brasil, un país kitsch.

Con tanto deportista predicador, canales en la tele, periódicos y demás. Me esperaba la catedral de São Paulo con mucho más feligrés.
Supongo que es lo lógico. No es que no sean creyentes, es que cada vez están más lejos del Vaticano, que no de Cristo.
Lo más repetido en la semana en Brasil es que allí “todo es religión”. El fútbol, la feijoada, la vitamina, el software libre…
iglesia from Rosa Jiménez Cano on Vimeo.
Se les metió en la cabeza que éramos marido y mujer y nada, no había manera. Los polis nos trataban como matrimonio, lo mismo en los bares. Nada más llegar al hotel, nos dieron habitación conjunta. “Que no, que no, que somos periodistas”.
Solventado esto, aprovechamos ratos libres para conocer la ciudad.
Vimos que junto al hotel teníamos una discoteca con una gran terraza. No nos animamos a ir hasta que nos devolvió para dormir un rumboso taxista. Su recomendación nos llevó a la puerta. Decía que Capital era conocido como un templo de la música electrónica la “quinta feira”.
De repente, me convertí en “VIP”, como el resto de las chicas. Así justificaron que mi compi pagase 15 reales por entrar y una copa que tenía que ser de vodka.
Nada más pasar la puerta, revisión de bolso y cacheo a ambos.
Como en cualquier parte, vas a pedir a la barra, ¡error! Allí se pide en una especie de ventanita. Compras las que quieras, te dan los tickets. Si eres clásico, los canjeas en barra. Si no, viene un camarero y toma la comanda.
Varios caipirinhas más tarde, al salir (menos mal que sólo estábamos a 50 metros del hotel), nos encontramos esta furgonetilla convertida en factoría de hot dogs o cachorro quente que dicen en Brasil. Curioso para terminar la noche.

Papeles perdidos es un cajón de sastre de la cultura y la creación, elaborado por el equipo que hace cada semana Babelia, la revista cultural de EL PAÍS. Arte, literatura, música, arquitectura, artes escénicas y cine, recomendaciones de fin de semana, tendencias… Como dijo alguien sobre la cerveza de botella y la de barril, “lo mismo, nomás que diferente”.¿Te lo vas a perder?(1 comentario)
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