en Hotel dulce hotel, Por el corazón de Europa

Toulouse, la ciudad rosa

-Aparecí allí sin saber que la ciudad se llamaba como yo, por el color más que nada…

Toulouse es una ciudad hecha a la medida de las personas. Por el cauce del río Garona la gente iba haciendo footing.

Chavales con bufanda, cartera (de las de repartidor de cartas) puesta en bandolera y bici como medio de transporte full time. Juvenil, con vidilla, cosmopolita y floreciente. ¿Qué más se puede pedir?

La visita fue escasa, lo justo para dejarme el venenillo de volver con más tiempo. Más cuando descubres que el hotel en que te alojas, en una esquinita de la preciosa Plaza del Capitol (el ayuntamiento), fue un centro de reclutamiento de voluntarios durante la ocupación.

Buen hotel, con la rareza de un caballo lámpara. Constaré una realidad: los hoteles, cuanto más caros, peor para conectarse a internet. En los baratos casi siempre hay wifi gratis, de cortesía. Supongo que tendrá que ver con que en los primeros suele pagar la conexión una empresa y en los segundos la misma persona que paga la cuenta.

De paso, descubrí que es la ciudad natal de Carlos Gardel. La noche dio para un corto paseo por los puentes y una visita efímera -hasta que una señora nos gritó algo por la ventana- a la iglesia de los jacobinos. ¿A quién se le ocurrió ponerle esos colores tan psicodélicos?

¿Por qué cada vez que pongo un pie en Francia me acuerdo del verano de l’eclipse en Paris y de Teresa Guerin con «les rivières y les fleuves»?

Pd.: Los amantes del rugby deben saber que hice check-in en el Stade Toulousain. Son el equipo con el mejor palmarés de Europa.