en A flor de piel

Adiós al pingüino Néstor Kirchner

Los sacó de la maldita estrofa “cinco presidentes en una semana“, de cada días “más desnutridos en el granero del mundo”. Para mí Néstor Kirchner era el clon del Dioni en el Cono Sur. Hasta que fui invitada a un asado (hasta entonces lo habría llamado barbacoa) en Galapagar. De esa noche salieron amistades maravillosas.

Despertó en mí un cariño especial por Juan Cabandié, que renacía por entonces con nueva identidad. Tomé contacto con Maxi, Facundo y un grupo selecto de peronistas. De ahí salió mi amistad perenne y matriz de muchas otras, con Sebastián Lorenzo. Gracias a él están en mi vida Sol, Javier Tucu, Danny Vilar y Leandro Vidaurre (y esa camiseta con una gran K que todavía uso para dormir).

Loca por entender algo del peronismo, entre copa y copa en Huertas, me lo soltaron de pronto: “Vos sos peronista pero no lo sabés. El peronismo es como una hepatitis, vos lo tenés pero no sabés cómo se manifiesta”. Quedó mucho más claro.

En un momento entre bromas comenzaron a cantar el himno. Carlos Bettini, el embajador en España y, con permiso de Pizarroso, el flequillo más cuidado a este lado del charco, sacó su teléfono y llamó “al pingüino”. No entendí nada, pero se iban pasando el teléfono. Estaba hablando con el presidente de su país, con Néstor Kirchner. Esos “cuadros jóvenes” que venían a mejorar su formación, sobre todo en el uso de Internet, se emocionaba al relatar su experiencia al jefe de Estado.

Con sus virtudes, muchas, y con sus defectos, alguno hay, va mi sentido pésame para todos los que quisieron a Néstor Kirchner, a quiénes creen que Argentina merece un futuro mejor. Argentina, siempre, en mi corazón.

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