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Nueva York, una ciudad con sonido propio

Cuanto más vengo, menos conozco Nueva York. Cada vez menos actividades turísticas y cada vez más cosas por descubrir, lugares por patear y muchas cenas y copas por tomar.

Bob, Lore, Robert, Kim, Robert, Sofía, y, como no, Giovi, María y John han sido unos excelentes compañeros de aventuras y anfitriones. Queda mucho por contar de esta aventurilla que, controladores mediente, toca a su fin en pocas horas.

Antes de que llegue una cascada de posts con chorradas y curiosidades me aparecen en la cabeza muchas, montones de melodías que sazonan una ciudad con un sabor lleno de mezclas. Nueva York es una ciudad gazpacho.

La Bamba es puro sabor latino.

Un pianista aferrado a la calle.

Improvisación a la sombra de una fuente en Central Park.

Un señor de gala que canta la canción de Rudolph, el de la nariz roja, ayudado por un iPod de última generación.

Los villancicos también llegan a la Quinta Avenida. ¡Qué ordenaditos!

Pero sí me quedo con algo es con el rock sin aditivos, sin estridencias, directo de Wicked Willy’s.