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¿Estamos en una ciberguerra?

Me temo que no, al menos no por lo de wikileaks. Pero sí que esta posibilidad está cada vez más cerca.

¿Qué guarda Julian Assange en el archivo que hace de salvavidas? ¿Podría desencadenar consecuencias irreversibles?

Hacer un Vida y Artes en menos de 24 horas es todo un reto. Cada hora que pasan salen nuevos datos. Quizá hice esfuerzo en explicar el fenómeno con el momento de los ataques como ancla, más que un relato continuo de los hechos.

El término parece propio de la ciencia ficción: ciberguerra. Pero los bandos están muy definidos. Por un lado, Wikileaks, la web que ha difundido las filtraciones de documentos secretos de EE UU, ha recibido constantes ataques que le han obligado a trasladar el servicio a nuevos servidores; por el otro, las empresas que han roto con la web sufren las iras de los numerosos partidarios de Julian Assange, el líder de Wikileaks. Como paradoja en esta guerra, los adalides de la libertad de expresión, que dicen luchar contra la censura, a su vez hacen lo posible para silenciar las páginas de empresas como Visa y MasterCard. Muchos contienen la respiración porque nadie está a salvo de las presiones políticas, pero tampoco de sufrir la ira de los internautas, que no requieren ya grandes conocimientos para participar en las refriegas.

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