en Melodías y sonidos para una vida desafinada, PTlife

La bala blanca se tiñe de luto. Adiós desesperado a Ángel López Camacho

«No os olvidéis de él. Recordadle siempre»

Sonaba a petición desesperada en boca de un padre con el alma rota, pero no hacía falta. Puede quedar tranquilo. Los que conocimos a Ángel le vamos a tener con nosotros.

Hubo un verano, no sé si fue el de 2003, 2004, o 2005 que no nos separamos. Teníamos camiseta oficial del World Tour, como si fuese una gira mundial. Pasé a ser «mi amigo con tetas», la chica cocodrilo de estos peculiares Hombres G. Cantábamos nuestro himno como si no hubiese un mañana. Carreteras, toros, y amaneceres.

Antes, tuvimos momentos entrañables, noches por ‘la bala blanca’, su Saxo heredado que tanto juego nos dio. Ángel siempre tuvo una facultad: Ver fácil lo difícil. Arreglaba todo en un instante, con dos palabras o el tiempo que hiciese falta. No había peñasco lo suficientemente alto como para no alcanzarlo. Por eso nos ha helado el corazón tu partida. Porque tu entereza no ha servido. Porque tus embestidas de toro bravo se daban contra el peto mientras la enfermedad se convirtió en puya sin cruceta, barrenando sin freno, contrarreloj.

Ser abonado no es especial, es simplemente una condición más, como tener el pelo castaño. Ser más alto o bajo. Entre las peculiaridades y características del aficionado venteño está el convertir al vecino de localidad en familia. Un mes entero compartiendo sopor en la piedra tiene produce este colateral. (Los males son muchos otros). Nos interesamos por la familia, nos vemos fugazmente en Otoño y nos llamamos por Navidad. No vamos a saber explicar lo tuyo en Mayo, porque nunca nos lo terminaremos de explicar.

Cuando hay conexión, el contacto se mantiene siempre. Tú lo fomentabas, Ángel. Regabas la amistad con el mejor caldo, sabías crear la ocasión para frecuentarnos.

Por más que pase el tiempo, la andanada no va a ser la misma sin tus comentarios, con tu pelo, siempre en su sitio, el maletín a rastras, pensando en un despacho que empezaba a florecer (muy a pesar de los retrasos de Iberia en el aeropuerto de Asturias ¡qué frito te tenían!).

A ver quién tiene ahora tus ocurrencias: agudas, certeras y, en eso sí me has dado lecciones, inocentes, sin herir nunca. Sabías rozar la fina línea que linda con la ironía sin soltar el arañazo. ¿Para qué sacar punta? Eras torero de arte: gusto y saber estar.

Siempre al quite, apasionado de sus amigos. Contando cómo hacía pareja atacante con Nacho en la Universidad. Cantando (es un decir, que lo tuyo era más de sentimiento que de acertar colocando la voz en el pentagrama) en la boda de Nacho con ese primo mexicano con el que nos dejaste el toque para el recuerdo de una boda que nos marcó. Sacando a Rober del coche con el whisky como reclamo o recordándome que «bah… son microondas Moulinex, calientan pero no cocinan».

Un capote, la camiseta de ‘su Madrid’ y una corbatita, minúscula, casi ‘brit’, como el corbatín de los toreros, con la bandera de España. Esos detalles irán siempre contigo. No era una cuestión política, sino de convicciones. Tú eres muy de aquí, muy nuestro. Muy de tus tres ‘S’: Sevilla, Salamanca y San Sebastián. Que no faltaran para darse una alegría al año.

Angelito, cuánto nos ha quedado por vivir. Ningún cuarto tercio será igual sin contar contigo. Nîmes, Alicante, Valencia… Tantas plazas te van a estar esperando.

Marta, Lucía, Nacho, Faus, los amigos de Vejer, Paloma, Iván, Joseto (el de Pocholo), Alberto, Vero, Laurichi y todos los que te quisimos te vamos a recordar siempre con una sonrisilla pícara, de medio lado, la que siempre nos dabas como saludo, junto con tu perfecto ademán con la cabeza.


Nadie me dijo que tu asistencia al cumple de nuestra taquillera favorita fue tu último regalo. No me acostumbro a perder un amigo. Uno de los míos.

Recuerdo de un concierto en el Calderón.

Actualización: El funeral por Ángel será el viernes 11 de febrero a las 20:30h en la calle Goya, 26.