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El gran bazar de Apple

Comprar un aparato de Apple es como comprar una muñeca Barbie, que no tiene sentido sin sus vestidos, accesorios, Ken, el novio. En ocasiones, pasa como con la mansión, que es más cara que el motivo central en sí. Esto sucede con algunas estaciones de sonido de la marca Bose, Sony o Philips.

Apple ha conseguido que cada nuevo lanzamiento cree una nueva línea. El martes la compañía de la manzana arrojó unas cifras que levantan la envidia de la competencia. Dobla beneficios en el último trimestre de 2010 y supera las previsiones de las consultoras. El vínculo entre los poseedores de un aparato Apple y su ordenador surgió en el momento en que se creó iTunes con el primer iPod. Para poder cargar las canciones en el primer MP3 con un diseño vistoso y notable capacidad hacía falta tener un ordenador Mac. Esta fue la puerta de entrada al mundo Apple para muchos. Se acabó el halo de ordenador para profesionales liberales, caprichosos y elitistas. Apple llegaba a las masas.

Poco después los usuarios con Windows pudieron descargar iTunes: tienda de música, gestor de los MP3, agenda y vídeos con el iPod. La popularización del aparato ya no tenía marcha atrás.

Además de crear un floreciente mercado de aplicaciones, ha surgido una amplia oferta de complementos para iPod, iPad, iPhone y Macbooks. Fundas para iPad que simulan un libro, las que hacen que parezca una moleskine, las que lo convierten en el complemento perfecto para engancharlo a los reposacabezas del coche y entrentener en las plazas traseras del coche.

Lo difícil es cuantificar cuánto han ganado pequeñas compañías dedicadas a los accesorios. Kensington, por ejemplo, estaba especializada en candados de seguridad para portátiles. Con la llegada del iPhone ha creado toda una línea de cargadores para coches, baterías externas y artilugios para que, por ejemplo, se escuchen las canciones del iPod al sintonizar un dial concreto de la radio. Es decir, convierte el cacharro de Apple en emisor en una frecuencia concreta.

La empresa Mophie se ha especializado en fundas, entre las que destaca una que, además, provee al teléfono de una recarga extra. Éxito de ventas e imitaciones por parte de compañías menores.

Los problemas de antena del iPhone 4 hicieron del bumper, una funda que solo cubre el lateral se convirtió en la solución recomendada para solventar el error. Este complemento, casi obligatorio ha sido el primero para los recién llegados. Una manera de diferenciarse pero también la puerta de entrada a muchos otros.

Teóricamente, cualquier compañía puede hacer complementos para estos cacharros. Apple tiene una página en la que declara las dimensiones exactas de todos sus aparatos para ayudar a los fabricantes. Tampoco hay problema con los dispositivos de audio. La clavija para los auriculares es estándar por lo que no hace falta un desarrollo diferente, aunque, como es obvio, se trata de adaptar con un diseño atractivo.

La diferencia, y fuente de ingresos para Apple, llega de la mano de la polémica clavija inferior, de 30 conexiones (‘pins’), la que crea interacción entre los aparatos y el ordenador, sincroniza con iTunes o permite dejar el iPhone sobre un despertador con altavoces o un cargador de sobremesa que da la predicción meteorológica. Para hacer estos aparatos hace falta obtener una licencia de desarrollador, cuesta 73 euros (99 dólares) al año y cuenta con una completa documentación y formar parte del progrma de afiliados.

Muchos de los aparatos creado al margen de este licencia no funcionan correctamente. Desde Asia se propagan imitaciones, aparentemente iguales pero que, en muchos casos, solo cargan el iPhone pero no consiguen intercambiar datos con el ordenador y por tanto sincronizar los contenidos.

El secretismo una de las armas más emblemáticas de Apple. La empresa de Steve Jobs no permite saber qué porcentaje se llevan de la venta de estos artilugios que llevan una pegatina certificando su compatibilidad. Se rumorea que la tasa por mostrar esta garantía (que tambien sirve de reclamo) puede llegar hasta el 30% del precio, pero ningún fabricante lo confirma. El hecho de ser desarrollador de Apple lleva implícita la aceptación de algunas normas de confidencialidad. Por ejemplo, la imposibilidad de dar explicaciones si su aplicación se ha rechazado en la AppStore.