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Café, sin más

Procuro no tomarlo, pero sé hacerlo muy bueno para las escasas visitas. Llevo más de un año viviendo sola. La cafetera ha sido el gadget del hogar que más me costó domar. Me van los que tienen pantallas. Se me resisten los clásicos: como la caldera. El robot de vapor que hace de plancha solo se entiende con Narcisa, los miércoles, durante algo más de una hora.

Mañana madrugo. Tengo tentaciones por engancharme. Lo evito. Una adicción más rozaría el límite. ¿Dónde termina el placer y comienza la dependencia? Creo que disfruto más del aroma y los efectos que del sabor en sí del café.