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Lisboa entre amigos

Primero fue Roma, antes estuvieron Berlín y Morón pero me lo perdí. Después llegaron Polientes y Lanzarote. Lisboa ha sido la cuarta edición de la Nochevieja entre amigos. Echamos mucho de menos a Manu, como le vamos a echar en falta durante todo el año a Abel.

Mi Portugal, salvo algunos recuerdos infantiles y el paseo por Newark, es estrictamente taurino. Desde Vilafranca a las Azores, pasando por Campo Pequenho.

Lisboa merece volver, una y otra vez. Por su vida interior, personalidad y medida decadencia. La compañía hace todavía mejor la vivencia.

Portugal sigue teniendo detalles, como estas señoras en la estación de Cais do Sodré que te imantan.

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17 Comentarios

  1. Cuando te pones, te pones. Definir la sensación que a un spanish le pega en Lisboa como “medida decadencia” es realmente buena y significa que gracias a dios y por suerte todavía no hemos leído esas grandes crónicas y reportajes y entrevistas que harás. Pero llevas el fuego de las palabras bien escritas por ahí dentro. Muaks y feliz año, que lo haremos feliz nosotros, porque el entorno está que pa qué.
    Besos.

  2. Viví un año en Portugal cuando yo tenía 15 años. Recuerdo con nostalgia el tren de las 8.04 que me llevaba de Cascaes-Monte Estoril a Cais de Sodré (Lisboa)y corríamos un grupo de estudiantes para alcanzar el tramvía que Rua Alecrim arriba n os llevaba al Liceo Francés de Lisboa. En la rua Garret comprabamos el café para casa. Aun recuerdo el aroma de cien frascotes llenos de café de medio mundo y los sibaritas que encargaban sus mezclas personales.Y la voz de Amalia Rodrígues que brotaba de las ventanas abiertas a la brisa del Atlantico.

  3. En aquel tren de las 8.04 viajábamos chicos y chicas que acudíamos al Liceo Francés o el Colegio alemán de Lisboa además de los que acudían al Colegio Inglés de Carcavelos,a mitad de recorrido.
    En los andenes de todas las estaciones, entre Cascáis y Lisboa, había unos paneles donde, bajo cristal, se exponían fotos y comunicados sobre la marcha de la guerra, ya finalizando esta. En el expositor correspondiente a Carcavelas, la Embajada británica ponía sus noticias de sus soldados y el frente bajo cristal. Los alemanes hacían lo mismo en el expositor de Caís do Sodré (Lisboa), final de trayecto. Cuando arrancábamos de Carcavelos, los estudiantes germanos rompían a pedradas, desde el tren en movimiento y ventanillas, el expositor de los británicos. A nosotros, los anglófilos nos habían entregado previamente bolsas con piedras para destruir el expositor de los alemanes al llegar a Lisboa. Nuestra papeleta era delicada porque estaba nuestro tramvía de la Rua Alecrim esperándonos y teíiamos que correr para atraparlo pero antes habíamos roto los cristales y la pandilla de estudiantes alemanes corrían detrás de nosotros apedreándonos sin alcanzarnos. Y así hasta que los expositores quedasen reparados y albergasen propaganda de unos u otros.La alianza franco-británica funcionaba muy bien.

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