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Silicon Valley se quiere mucho

Silicon Valley es un estado de ánimo. Les gusta decir eso desde fuera, pensar que con unas subvenciones, charlas y algún edificio listo para reciclar se puede replicar un modelo. No es tan fácil. Porque sí, Silicon Valley es un estado de ánimo, es un sistema que se gestiona a sí mismo, comparte y asume, pero también genera negocios de servicios a su alrededor. Un estudio del MIT deja al descubierto algunas claves de su éxito, la concentración ayuda a prosperar, la innovación (en forma de patentes) impulsa hacia el futuro. También un nombre adecuado y tener los vecinos correctos. SOMA, el barrio donde está la oficina de StepOne donde me tienen adoptada, gana por goleada en empresas que consiguieron una salida a bolsa o fueron compradas.
Aunque cada vez por aquí hay más españoles (y catalanes), todavía nos falta mucho para llegar a jugar en la misma liga. No importa, subir el listón es bueno, obliga a esforzarse y dar el máximo.
Anoche, en la entrega de los ‘crunchies’, tomé conciencia de lo mucho que importa la puesta en escena y realce de lo que se hace. Lo primero es creérselo, darle importante. Después pelear.

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