Mi pan

Al terminar la semana de curso en Costa Rica, Lorna nos tenía preparada una sorpresa. Nos llevó a un museo para conocer las tradiciones locales. Visitamos una casa típica, vimos cómo se vivía antiguamente en el campo, con los pollos por ahí sueltos y los aparejos de labor.

Después, como en el cole, jugamos a hacer pan. Unos hicieron un bastón, otros una barrita. Hubo estrellas, arbolitos y corazones.

¿Adivináis cómo fue el mío? Sigue leyendo

Tiquicia, el Valle Central a tus pies

Si alguna vez vais a San José pedid que os lleven a Tiquicia, que es el apodo que los locales dan a su país, pero también el nombre de un asador típico con unas vistas increíbles sobre el Valle Central. Tiene pinta de ser el típico sitio al que van los locales pero no tanto los turistas y mucho menos me parece a mi que te transporten los taxis.

La entrada está algo escondida y nos perdimos un poquito para llegar. La carta, con el clásico «gallo pinto», destaca por el amplio surtido de cervezas locales y de importación, así como por unas exquisitas carnes y arroces. Tomamos el casado típico, patacón incluído (¡y mis queridos jalapeños!).

Cristian Cambronero se ganó el cielo no sólo por llevarme al parque de la Sabana y a Tiquicia, sino también a Escazú ¡de compras! Toda la tarde. Anduvimos escogiendo chocolates, plátanos fritos con sal y probándome modelitos en tiendas surferas. ¡Eres un santo! Cuando vengas a Madrid prometo corresponder.

Barberry, sabor portugués en Brooklyn

Con esto de que se termina el año me da por hacer posts pendientes y vacias pendrives. (Por cierto, a ver si los Reyes me echan uno de Hello Kitty, que ayer se me escacharró el que llevé al curro).

En agosto me pasé por la «kedada» de Vimeo en Brooklyn. Pensé que sería algo de compartir experiencias; el rollito de sofás y chill out me aburrió pronto. Me reencontré con mis padres y descubrimos una comida de ensueño, aseguran que tapas portuguesas en un restaurante anteriormente llamado Zipi y Zape; ahora se conoce como Barberry, un lugar cuya cocina recomiendo degustar con interés.

Descubrí una manera nueva de disfrutar de las alcachofas. (¿No os encanta beber agua después de comerlas?)

Un Chiqui Latte

Unos lo toman mezclado, no agitado…
Casi a diario escucho, acompañado de gestos con los deditos que casi se juntan para indicar «una miajita»
:

Un café, por favor, muy corto muy corto de café, en vaso grande y con leche hasta arriba.

Y aunque lo parezca, no es un manchado. Muchos lo confunden y ven las proporciones al revés.
Es un auténtico y genuino «Chiqui Latte«. A Oscar no hace falta ni pedírselo. Si ve que no comprenden el concepto o la cosa se hace complicada se toma el sucedáneo oficial: un descafeinado de máquina.

Connecticut, más América, por un rato

Tenía pendiente contaros cómo fue mi breve paso por Connecticut, pues es un viaje de junio. Lo pasé bien. Fue muy corto, pero tomé notas de muchas diferencias. Por ejemplo, en «provincias» se comprá diferente. Fuimos a Staples para comprar material escolar y un modem wifi que después instalé. Comprobé que las distancias entre lugares son grandes, pero les parecen normal, que un coche es estrictamente necesario y que los carritos de la compra son más altos que en España. Necesitamos muchos hermanos Gasol para subir nuestra media. En WalMart vendían una camiseta peculir, inconcebible en otro tiempo: bandera envejecida de USA y un escrito debajo «Faded Glory».

Al ir conocí un atasco de salida un viernes. Me enteré de que hay un pueblo habitado por japoneses. Se llama Mamaroneck. Los orientales vienen a NY por motivos profesionales durante unos siete años, se establecen junto con sus familias en esta localidad. Esto se sabe porque tienen escuelas de «refuerzo» para los críos. Los hijos de japonés en este lugar, al salir de clase «normal», es decir, sistema USA, reciben más clases en japonés para poder seguir su educación sin resentirse al volver a Japón.

Conocí Weston, un lugar cuidado, con encanto, casas chulísimas, mucha naturalez y tranquilidad. Me sorprendió la sensación de que había cementerios por todas partes. Entendí porque es necesario el «autobús» del cole, las distancias son muy grandes y los críos parecen más libres que en la ciudad. Volví en tren con muchísima gente que volvía lista para el Gay Pride.

Antes Sam y Lore me invitaron a una deliciosa cena en el Cobbs Mill Inn. Con una cascada increíble, carta deliciosa y todo lo que un viejo molino convertido en restaurante puede ofrecer. Altamente recomendable si os dejais caer por ahí.

Mills en Westport from Rosa Jiménez Cano on Vimeo.