Dos años en Silicon Valley

Golden Gate, el puente de los sueñosVine con miedo, pero yo no lo sabía. En realidad, llegué en uno de mis momentos maś bajos, pero tampoco lo sabía. Y pasé un verano horrible, pero no me di cuenta hasta tiempo después. A veces, los humanos tenemos una fuerza interior sorprendente. No hay que perder la fe.

Dos años después de llegar aquí me he dado cuenta de muchos detalles que al principio no percibí. Sí recuerdo lo que me dijo Jaime en la despedida, que haría grandes y buenos amigos y que mi vida sería nueva y distinta. Acertó. Aunque otras cosas no han cambiado. Siento que me estoy perdiendo momentos importantes, especialmente la vida de la peque Alexandra, momentos con mi abuela, mi tía Meda o personas con las que sé que no podré compartir el tiempo que me gustaría en un futuro próximo.

Es como si tuviera dos vidas y cuando voy y vengo encajan y hacen clack-clack, como si nada pasase.

A la vez siento que ser emigrante, en tiempos de WhatsApp y redes sociales, es menos duro que en otros tiempos. He descubierto que los amigos de verdad son perennes, y que aquí estos descubriendo personas maravillosas, que los compañeros de Estados Unidos merecen muchísimo la pena y nos apoyamos mutuamente.

Sigo teniendo temor a diluirme, a sentir que mi presencia desaparece, a ver que se pierde el impacto, o que no impacta la labor. Me obsesiona tener visibilidad, difusión. Las redes sociales se han convertido en un gran paliativo.

La nostalgia es mucha, pero bien llevaba. Dos años después no se ha perdido mi amor por un lugar en el que siento que se está transformando la forma en que vamos a vivir los próximos 10, 20, quizá 50 años…

Me siento muy afortunada por el apoyo que recibo desde EL PAíS, por la oportunidad de vivir esto. También, estoy muy agradecida a los que seguís cerca a pesar del tiempo y la distancia, a los que no me soltáis la mano esté donde esté.

Espero seguir un tiempo más por aquí. Gracias por estar ahí y devolverme la ilusión.

El extraño guiño social de Google a Snapchat

IMG_8057

De Google se sabe que solo tiene una asignatura pendiente, las redes sociales. Ha tenido varios intentos, oleadas, e ideas. Incluso reinvenciones, pero nunca ha dado con la tecla adecuada. La ola de Facebook, Twitter, Instagram, hasta LinkedIn, no pasó por su barrio. Tampoco fueron capaces de comprar WhatsApp.

Durante I/O sucedió algo distinto a lo habitual. Junto con la acreditación entregaron una tarjetón con una dirección de Snapchat. La mensajería efímera con fuerte componente social es el servicio más de moda. Es la primera vez que Google apoya de manera tan explícita un servicio que no es suyo. No solo eso, hizo un uso intensivo de ła herramienta.  Fue una cobertura ejemplar, completa, con sentido y dando muestra de que conocen los guiños y códigos internos de esa comunidad.

¿Significa algo más que un guiño a los asistentes más jóvenes? Veremos… Google lo quiso comprar por 9.000 millones de dólares, pero Evan Spiegel, como se llama su creador, un angelino que dejó Stanford para seguir con su empresa desde Silicon Playa, cerca de Santa Mónica.

Licenciarse jugando al fútbol

Nunca pensó en terminar en la jungla de Wall Street, con traje, corbata, carreras por las calles y un café humeante en la mano cada mañana. Hace siete años la vida de Álvaro Torrecilla (Madrid, 1989) dio un vuelco. Con su MBA en el bolsillo no tiene intención de volver a España. A diferencia de la mayoría de los han estudiado en EEUU no tiene deuda con la universidad, su habilidad con el balón le abrió las puertas a una beca como estudiante. Después trabajó en Naciones Unidas durante 18 meses. “Con 18 años comencé a verlo muy oscuro, me parecía imposible combinar el deporte y los estudios”, explica. Entró a formar parte de las categorías inferiores del Real Madrid con 11 años, era media punta. Ahora mata el gusanillo en el “Liberia”, un equipo de aficionados españoles que lleva 30 años en las ligas de barrio.

A través de un familiar supo de las becas deportivas y escribió a varias universidades. La Universidad de Misuri le aceptó, tres años después fichó por Iona en Nueva York, donde hizo el máster. “La vida de estudiante aquí está hecha para disfrutar, para vivirlo con intensidad, pero no habría podido permitírmelo, un año, con manutención y residencia sale por más de 50.000 euros,” explica.

Con la intención de que más jugadores repitan su experiencia se unió a Alberto Baratas (Madrid, 1990) con quien había jugado en las categorías inferiores. Tras estudiar Administración y Dirección de empresas en ICADE montó una empresa de márketing en Internet. “Supe que no tenía posibilidades como profesional, pero seguí como ojeador”, explica. Junto formaron MIC Athletics, dedicada a hacer de intermediaria entre centros de estudios y jugadores.

Las dos eurocopas y el mundial de Sudáfrica despertaron el interés inicial. El éxito de Guillermo León, de Delaware, al que en 2013 declararon ‘rookie’ (novato) del año, les ha abierto las puertas de más universidades. En general, buscan delanteros y porteros. “Es un fútbol más físico que el europeo, tienen corpulencia pero les falta técnica y movilidad. En España no solo encuentran creatividad, sino también buenos porteros, una demarcación que les cuesta formar. Siguen las Premier y la Liga, así que saben quiénes son De Gea, Valdés y Casillas”, subraya Baratas.

El paso a la MLS (el equivalente a Primera División) es lo más complicado. “Solo permiten cuatro extranjeros por equipo. Tienes que ser un megacrac para ser profesional”.
Continuar leyendo

Google te ayuda a ir en bici

Me gusta ir en bici. Me ha costado saberlo. Durante un tiempo no tuve claro por qué lo hacía, un rapto, una enajenación, una pérdida de cordura me hizo replantearme si realmente me gustaba o era parte de la abducción. Ahora ya sé que sí, que me gusta.

Desde que ando por aquí todo el mundo me pregunta lo mismo, que cómo me apaño en una ciudad con cuestas. Para empezar, me aguanto. Para continuar, voy andando a casi todas partes. La bici es de recreo, pero todo tiene solución. Por un lado, la mayor parte de las calles que tienen carril bici son la opción más suave. Por otro, Google Maps incluye la posibilidad de recibir indicaciones para ir dando pedales. Una vez que se elige el destino, se puede escoger la ruta con menos inclinación. Algo es algo…

Verano en Hinojosa de San Vicente, el pueblo más bonito del mundo

Verano en Madrid… De acuerdo, mola, pero faltan los amigos. Siempre queda alguien pero hace falta dar una vuelta para cambiar de aires y retomar fuerzas.

En poco más de una hora se llega a Hinojosa de San Vicente, mi pueblo.  Al margen de los vínculos familiares, cuanto más voy, más bondades descubro. Desde una piscina con vistas sorprendentes a un duro pero gratísimo paseo para subir desde el pueblo al Piélago. Cuatro horas de senderismo en la naturaleza.

¿Quién da más? Si os animáis, decidme. Regalo consejos y, quién sabe, quizá me anima a acompañaros.

Ah, en el Rincón Artesano podéis probar sus manjares.

Antonio Corbacho, vivir sin miedo

– ¿Es cierto que te has peleado con José Tomás?

– No nos hemos peleado, nos hemos arañado. (Risas de fondo). Anda que, con la de problemas que hay en el mundo, meterte tú en líos de toros. Cambia, todavía estás a tiempo.

Esta conversación sería en 2001 o, quizá, en 2002… Fue por teléfono. Después, supimos el uno del otro por Carmen Esteban.

Un día fui al San Carlos, quería ver cómo evolucionaba mi tía Amparo, piedra angular de la familia Cano. Era octubre de 2004. Cuando subía las escaleras topé con Antonio.  “¿Dónde vas, pequeña?”. Él tenía ingresada a su madre. A los pocos minutos volvimos a cruzarnos en la escalera. Yo llevaba una bolsa blanca, con unos zuecos, un reloj, pendientes y pulsera. Me abrazó y nos fuimos a charlar un rato.

Desde entonces, nos mantuvimos en contacto. Nos contamos la vida. Descubrimos aplicaciones, músicas del mundo y compartimos tés de sabores y colores. Las conversaciones llegaron a ser interminables, de cualquier tema.

La mitad de mi maleta a la vuelta de Japón estaba llena de cosas para Antonio. Apreciaba tanto cualquier detalle. Cada novedad la vivía con la ilusión de un crío. Y al final, apenas hablamos de toros. O quizá todo tenía que ver con los toros.

Nunca le agradeceré lo suficiente la capacidad que tuvo para hacerme creer en mí, superarme, crecer. 

En el tanatorio conocí a María. “Siempre decía que con esa cabeza, tienes que dejar los toros”.

Gracias, Antoine.