Arde El Piélago

La sierra se quema. Mi infancia se desangra. Mi ilusión por una excursión cuando las hojas cambian de color se esfuma.

Hoy me siento más, mucho más que nunca de dónde yo soy.

Estoy contenta por el ejemplo de lucha y unión. Todos unidos. Jorgos unidos.

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Veranísimo

Todo el mundo cierra el blog por vacaciones. Yo pretendo retomarlo.

En esta ausencia, injustificada, recuperé sensaciones infantiles sobre dos ruedas, di un par de saltos mortales, leí poquito, tuve han travesía del desierto papelero de tres semanas y viví cada instante.

Lo mejor está por llegar.

Tempelhof: despegando

Decepción interior

decepción.

(Del lat. decept?o, -?nis).

1. f. Pesar causado por un desengaño.

¿Qué pasaría si un buen día descubrieras una parte de tu vida que tenías idealizada no era más que un teatro?

Es más fácil y cómodo destruir que construir, pero menos divertido, relevante y humano.

Mi primera consola

Yo quería una NES, con su pistola. Cuando los Reyes fueron al Alcampo de Moratalaz ya no quedaban. Tuve que conformarme con la SEGA Master System. Tenía a Mario en la GameBoy y a Sonic en la tele.
He descubierto a mi querida consola, con ranura para cartucho y tarjeta, en una camiseta de Bershka.

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Felices 80, abuela

Cada vez que me enfadaba decía lo mismo: “Me voy a ir a vivir con abuelo y abuela”. Era mi refugio, mi vuelta idílica al lugar donde una vez fui feliz. Estar cerca de mi abuela me hace sentir así, aunque sigo echando de menos a quien me enseñó valores casi en desuso y una desmedida afición a los toros.

Mi abuela María, además de mi líder de opinión, es el núcleo que nos une a todo. Siempre dispuesta, capaz e impetuosa. No conozco a nadie con tanta imaginación para construir de la nada.

Gran parte de mi imaginario infantil viene de abuela, de su gorrini (un pájaro que se posaba en su hombro), del vestido llegado de Argentina que su madre deshizo para hacer calcetines a sus hermanos o de la mazorca de maíz con una tela que era su muñeca. En tiempos en que se nos ha olvidado lo que es pasarlo mal, yo me acuerdo de aquellas gafas que llevaba a la cárcel o de que los Reyes solo le echaban una naranja o una figurita de mazapán. Nunca la ha escuchado quejarse por ninguna de estas circunstancias. Mis abuelos hicieron de mí una niña abierta, feliz y que hasta que llegó al mundo real pensaba que todos los niños tenían una tía MariCarmen.

– Abuela, tengo hambre.

– ¿Qué quieres, bonita?

– Migas con chocolate.

Tuenti pone las pilas

Tuenti ha dejado de ser Tu. Su servicio de telefonía se llama igual que la red social, se integra por completo y tira los precios, sobre todo en los datos.

Después de la presentación oficial estuvimos un rato charlando con Zaryn Dentzel y Sebas Muriel. Llama la atención encontrar a gente dispuesta a escuchar sugerencias como recargar el teléfono por Paypal sin poner pegar, sino al contrario, explicando en qué trabajan y cómo lo hacen. También fueron muy claros, los datos les importan 20 veces más que la voz.

Amor constante

[Amor constante más allá de la muerte]

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas, que han gloriosamente ardido:

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

Quevedo

Katia, felina italiana

¡Por fin! Katia, la de la foto con Cannavaro y el rodillazo a Cristiano Ronaldo, sale en uno de nuestros vídeos. Nuestra felina italiana (no sé por qué, pero siempre te he visto muy como Nali), un corazón hambriento de aventuras y canciones para interpretar, vino a recorrer Madrid (y vaciar sus tiendas) esta semana.

¡Vuelve pronto! Si tardas mucho igual somos nosotros los que vamos… ¿Ferragosto?

Pd.: Lo de la Venecia cutre y falsa del hotel Venetian de Las Vegas es solo para que nos ríamos y porque os conocisteis en la auténtica y genuina ciudad de los canales. No acepten invitaciones.

Todo el mundo es bueno

A mi edad tendría que haber aprendido, pero parece que me cuesta. Siempre me fío de la gente, ignoro que puede tener maldad o envidia, o algo más sencillo, un ego desmedido y escaso sentido de la lealtad. Los casos se suceden.

¿Es grave, doctor? ¿Debo cambiar mi forma de ser? ¿Tendré que empezar a desconfiar de todo el mundo y volverme en casa esquina para ver si lanzan algún cuchillo?