Andrés Román Martín, conductor de furgoneta

A petición de los lectores, procedemos a publicar el artículo de Carmen Esteban publicado hoy en La Gaceta de Salamanca.

EL MOMENTO MÁS MALO JAMÁS CONTADO

Tomatóxica perdida, tengo por costumbre, cada vez que ese bicho sale a hombros, esperarle en la puerta grande a pie de costalero, expuesta a todo. A que más de un salido te toque el tras, vuele la cartera de acertado picotazo al bolso, te pisen los pies, recibas un codazo intercostal de un cachas o la policía te meta con la porra. Por experiencia, sé que ese momento para un hombre es tan paranormal, que, aunque te mire desde arriba, no te vea. No pasa nada: a la furgoneta se ha dicho, y allí me plante en primera fila mientras el torero era colocado a pulso en el asiento, con una maestría verdaderamente excepcional. Cerrado aquel vehículo como un cofre que guardara un tesoro fabuloso, los cristales ahumados, me lié a pegar con los nudillos en la ventanilla del copiloto y no le pegué un coscorrón con la cabeza de milagro. Allí, instalado, iba el sieso de Andrés, hermano del torero y mozo de espadas, un mediocre con peligro, que se negaba en rotundo a bajar siquiera un palmo del cristal para que yo siquiera pudiera rozar al ídolo. Sigue leyendo

Ary + Power se meriendan la feria

Me pierdo la feria de Salamanca y no tenía disgusto. Ya estaba hecha a la idea porque cada día me gustan menos los toros. Me sabe mal no ir ahora que sé que Arancha y Faustino la van a liar quieran o no. Se han montando coloquios en la tele para después de cada corrida.

Quisiera desearles suerte pero como nos conocemos sé que les sobra el talento para hacerlo mejor que los demás. ¿Alguien lo dudaba? Por separado eran especiales. Juntos, imbatibles.

Ary y VicFaustino es de esos amigos con los que discuto fuerte y con frecuencia, pero nadie se mete. Todos se han dado cuenta de que el cariño que nos profesamos está en otra categoría y son «las cosas de estos dos». Nadie como el «Power» para hacer noches inolvidables y llevar mis pantalones del chispeante recorriendo mundo. Arancha y yo somos viejas conocidas, aparcamos nuetras pueril rivalidad que tanto juego le daba a Alfonso para convertirse en compañera de codo a codo y cómplice de mis «desapariciones».

Bueno, Vic, y tú, ¿qué?

Charradas y amigos

Este domingo nos devolvió la sonrisa. Dos años después hicimos un nuevo brindis en tu memoria, pero con el humor y los amigos de siempre. Prohibidas las lágrimas, las tristezas, nostalgias y demás antídotos para el gozo de vivir. No nos faltó la traviesa Rocío y toda su tropa.

La banda sonora no podía ser otra más que la creación de Pepe Gil Cacho: «la castaña salmantina». Melodía ideal para berrear desde un balcón con vistas al Campo de San Francisco, por la calleja o cualquier lugar donde corran a partes iguales licores, alegría y amistad.

Puedo escucharla mil veces, y mil veces que me parto de risa.