Adiós al chipén (de las chachi)

Era uno de los sitios más emblemáticos de Chamberí. En el Chipén de las chachi (que es como se anunciaba el sitio) te podía encontrar a un camarero chileno o al hombre del tiempo con los párpados retocados, acodado en la barra. No le falta de nada, hasta su aire decadente.

En 2008 pasó a llamarse la Parpusa, un nombre que me moló. El domingo, al salir del cine, descubrí que también había cerrado. Una pena.

Escribo esto porque parece que no soy la única que lo echa de menos. Tengo un montón de visitas en el blog buscando “Chipén”. ¿Se atreverá alguien a abrirlo con el mismo nombre?

Occupy Berlín

Pasamos a dar una vuelta, por curiosear y parecía que rezaban el rosario. En las asambleas frente al Bundestag en Berlín los indignados/ocupadores debaten de una manera peculiar. El que tiene la palabra procura decir frases cortas que el resto repite. Aseguran que así, sin necesidad de altavoces o megáfonos, se consigue elevar la voz y que todos se enteren.

Además, había una chica repartiendo gemüsesuppe que, dicho sea de paso, a mí me parecía gazpacho.

Volver al videojuego

Creo que desde hace como un año me lo paso mucho mejor en el trabajo. Dejé de jugar videojuegos casi al final del instituto cuando tenía que empezar a estudiar de verdad.

Ahora vuelvo a los mandos. O sin ellos. Me cuesta en ocasiones, soy malilla y el muñeco pasa más tiempo en el abismo que de plataforma en plataforma.

Como fuere, mi mundo techie me tiene sorbido el seso.

Me sentí nostálgica al encontrar este cartel en la calle Pedro Heredia. Alquilan (mejor dicho, alquilaban) cartuchos para consolas que ya son casi piezas de museo.

Atentos al enlace: al final del post sale una review del videoclub. Lo definen como el mejor de Madrid pero, vaya, solo acepta nuevos miembros si llevan la recomendación de otro.

La importancia de llamarse Croque

Tomar un sandwich en un café no es gran cosa. Si se hace en París cambia la percepción.

El sandwich de jamón y queso con algo de queso y, en algunos casos, bechamel gratinada por encima se convierte en Croque Monsieur. Si se corona con un huevo a la plancha gana todavía más glamour. Entonces, su nombre en clave, pasa a ser Croque Madame. Aquí, lo más lejos que llegamos es a llamarlo biquini, sobre todo en Cataluña. O tostado, como dicen en Argentina, a sandwich de miga.

El envoltorio, al final, importa.

Be my Valentine, o cómo vender cosas rojas

El sentido del espectáculo se tiene desde que se mide medio metro. Es quizá lo que más me llame de Estados Unidos, la capacidad de hacer de cada ocasión un hecho memorable, de crear ceremonias paganas en cada instante y de convertir en acontecimiento lo que para muchos son solo anécdotas.

Ya he vivido un Columbus Day, un Acción de Gracias, un Halloween y un Saint Patrick’s. Si todo va bien este verano estaré para la fiesta nacional del 4 de Julio (y una boda, que eso también va a molar). Solo me faltará la Navidad.

El sábado, en un paseo efímero por Nueva York, además de recibir los regalitos de Giovi por San Valentín (resulta que se hacen también regalos entre amigos), flipé bastante con cómo todos los comercios se mimetizaban para la ocasión.

En España llamábamos a San Valentín San Corte Inglés. Allí tendría que ser “mi Visa se tiñe de rojo por San Valentín”. Ya me imagino el anuncio en televisión: Una tarjeta de crédito, con su carita sonriente, comienza a pasear por la ciudad y poco a poco, mengua hasta que se pone el sol y termina desangrada en algún restaurante con velitas.

Pd.: Confieso que me encantaron los pasteles de Rocco’s. Hasta Google se ha apuntado con un doodle.