John Arrillaga, el millonario discreto que no sabe de chips

Entró a la universidad con una beca del equipo de baloncesto. Cualquier equipo quería en sus filas un tipo espigado, de brazos largos y una estadística que, a pesar de los años, todavía se puede exhibir cierto orgulloso: 14 puntos por partido y 77% de aciertos en tiro libre. Su especialidad, la línea de triples. Estudiar Geografía entre 1956 y 1960 en Stanford no le impidió anotar 894 puntos en la liga colegial. Esta habilidad fue la puerta de entrada de John Arrillaga, un chaval de Inglewood, en las afueras de Los Ángeles, al centro académico más elitista de la Costa Oeste. Hoy, es su máximo benefactor. La aportación más generosa de su historia salió de su bolsillo,151 millones de dólares en 2011. Cinco años antes había donado otros 100.
Un agradecimiento a la institución que le dio lo que una familia de cinco hermanos, sí, una alineación de básket, no podía costear. Su padre, Gabriel Arrillaga, nacido en 1910 en el País Vasco, regentaba una pequeña tienda de ultramarinos. Su madre, Freda, se dedicaba a criar a los hijos, lavaba y planchaba la ropa de los vecinos para conseguir unos ingresos extra. La cena de los sábados era el único lujo que se permitían, chuletas.
Su modestia era tal que posó para la foto del álbum académico con chaqueta, camisa y corbata de su profesor. Arrillaga repartía el correo interno y hacía labores de jardinería para tener para sus gastos. Una historia que choca con su situación actual, una fortuna de más de 1.400 millones de dólares.
A cualquiera que haya paseado por la zona el apellido le suena familiar. Arrillaga, de compleja pronunciación en inglés, está en un centro de negocios, el gimnasio, el parque, el estadio, el comedor… pero apenas se conoce el papel que jugó en el nacimiento de Silicon Valley.
Gordon Moore y Robert Noyce fueron los pioneros en la construcción de semiconductores de silicio. Con Bill Hewlett y David Packard, fundadores de HP, nació la leyenda de empresas que fundadas en un garaje. Eran los años 60 y un recién licenciado Arrillaga se decidió a comprar terrenos con los ahorros de su trabajo en una inmobiliaria en Palo Alto y como jugador profesional en los Warriors de San Francisco, precursores de los Golden State actuales. Adiós a los tradicionales cerezos, almendros, albaricoques y prunos en un lugar donde la primavera es constante. Las empresas de nuevo cuño y gran crecimiento necesitaban un lugar para establecerse en los aledaños de ła carretera 101, la que los misioneros bautizaron como el Camino Real. En sus dominios se establecieron Google, Intel, Apple, Linkedin y Cisco. Su última construcción un complejo de 10 edificios de siete plantas cerca del aeropuerto de San José, donde termina la bahía de San Francisco, que ha levantado gran misterio. No se ha desvelado quiénes serán los nuevos inquilinos de una extensión similar a la que ocupa todo Facebook en Menlo Park.
Su lazo con la tecnología pasa, sin buscarlo, por lo personal. Su hija se casó con uno de los grandes inversores y visionarios Marc Andressen, el creador de Netscape, el primer navegador de uso sencillo. Este programa marcó el paso entre la industria del hardware y las primeras .com. A finales de los 90 el software ganó en relevacia a los fabricantes de aparatos. Los nuevos ricos se dedicaban a la programación. Los edificios cambiaron de logo, pero no de propietario.
No concede entrevistas. Tampoco habla en público. Arrillaga solo se deja ver, escondido en la grada como un aficionado más, a sus 77 años, en los partidos de su equipo de juventud. El resto del tiempo, ajeno a procesadores, bits, cables o conexiones, como ha sido toda su vida, se recrea en su finca del valle de Portola, donde, como un tributo a sus orígenes, él mismo cultiva los frutales.

Desde el Pacífico

Llegué el 31 de mayo. El día 2 al Rey le dio por abdicar. Ahora tenemos nuevo Rey y yo tengo un micropiso, con su Internet, su tele, su electricidad… Mucho papeleo y montones de novedades. He ido juntando algunas letras y doy grandes paseos para ir descubriendo una ciudad apasionante cada vez más apasionante.

He descubierto que en Tender-Nob mola más de lo que pensaba. A todo hay que buscarle el lado bueno.

Deseadme suerte. Como dicen por aquí, lo mejor está por llegar. Por primera vez, viajo sin billete de vuelta.

Mundo más Arte

Abrir un blog es una aventura. Mantenerlo vivo, una hazaña propia de valientes. Jaime Sánchez Cuervo, que os sonará porque es mi guía preferido (y gran amigo) acaba de dar el paso.

Mundo más Arte es su apuesta para desgranar las novedades culturales no solo de Madrid, sino de todo lo que le permite su amplio conocimiento del saber y el turismo.

Esto es solo el comienzo, pronto más novedades sobre actividades, propuestas y recomendaciones para conocer y deleitarse con la riqueza que aporta el saber contar y vivir el mundo que nos rodea. Parece sencillo, pero está al alcance de pocos.

De momento, asumamos el reto de encontrar un eslogan para cinco museos en plena evolución.

¡Bienvenido, Mundo más Arte a la blogosfera!

Verano en Hinojosa de San Vicente, el pueblo más bonito del mundo

Verano en Madrid… De acuerdo, mola, pero faltan los amigos. Siempre queda alguien pero hace falta dar una vuelta para cambiar de aires y retomar fuerzas.

En poco más de una hora se llega a Hinojosa de San Vicente, mi pueblo.  Al margen de los vínculos familiares, cuanto más voy, más bondades descubro. Desde una piscina con vistas sorprendentes a un duro pero gratísimo paseo para subir desde el pueblo al Piélago. Cuatro horas de senderismo en la naturaleza.

¿Quién da más? Si os animáis, decidme. Regalo consejos y, quién sabe, quizá me anima a acompañaros.

Ah, en el Rincón Artesano podéis probar sus manjares.

Antonio Corbacho, vivir sin miedo

– ¿Es cierto que te has peleado con José Tomás?

– No nos hemos peleado, nos hemos arañado. (Risas de fondo). Anda que, con la de problemas que hay en el mundo, meterte tú en líos de toros. Cambia, todavía estás a tiempo.

Esta conversación sería en 2001 o, quizá, en 2002… Fue por teléfono. Después, supimos el uno del otro por Carmen Esteban.

Un día fui al San Carlos, quería ver cómo evolucionaba mi tía Amparo, piedra angular de la familia Cano. Era octubre de 2004. Cuando subía las escaleras topé con Antonio.  “¿Dónde vas, pequeña?”. Él tenía ingresada a su madre. A los pocos minutos volvimos a cruzarnos en la escalera. Yo llevaba una bolsa blanca, con unos zuecos, un reloj, pendientes y pulsera. Me abrazó y nos fuimos a charlar un rato.

Desde entonces, nos mantuvimos en contacto. Nos contamos la vida. Descubrimos aplicaciones, músicas del mundo y compartimos tés de sabores y colores. Las conversaciones llegaron a ser interminables, de cualquier tema.

La mitad de mi maleta a la vuelta de Japón estaba llena de cosas para Antonio. Apreciaba tanto cualquier detalle. Cada novedad la vivía con la ilusión de un crío. Y al final, apenas hablamos de toros. O quizá todo tenía que ver con los toros.

Nunca le agradeceré lo suficiente la capacidad que tuvo para hacerme creer en mí, superarme, crecer. 

En el tanatorio conocí a María. “Siempre decía que con esa cabeza, tienes que dejar los toros”.

Gracias, Antoine.

Django

La Tarantinada. Un canto al amor. Un western con toques de cómic. Excelente fotografía. Diálogos marca de la casa. Banda sonora para repetir.

Django tiene todo. Es lo que esperaba, pero es lógico, me encanta Tarantino. Id a verla. Después, a disfrutar de las bondades transmedia: App, tráiler interactivo y juego.

Pd.: También he visto Lincoln… No me extraña que haya venido Spielberg a promocionarla… Aunque muy bien Daniel Day-Lewis.