Felices 80, abuela

Cada vez que me enfadaba decía lo mismo: «Me voy a ir a vivir con abuelo y abuela». Era mi refugio, mi vuelta idílica al lugar donde una vez fui feliz. Estar cerca de mi abuela me hace sentir así, aunque sigo echando de menos a quien me enseñó valores casi en desuso y una desmedida afición a los toros.

Mi abuela María, además de mi líder de opinión, es el núcleo que nos une a todo. Siempre dispuesta, capaz e impetuosa. No conozco a nadie con tanta imaginación para construir de la nada.

Gran parte de mi imaginario infantil viene de abuela, de su gorrini (un pájaro que se posaba en su hombro), del vestido llegado de Argentina que su madre deshizo para hacer calcetines a sus hermanos o de la mazorca de maíz con una tela que era su muñeca. En tiempos en que se nos ha olvidado lo que es pasarlo mal, yo me acuerdo de aquellas gafas que llevaba a la cárcel o de que los Reyes solo le echaban una naranja o una figurita de mazapán. Nunca la ha escuchado quejarse por ninguna de estas circunstancias. Mis abuelos hicieron de mí una niña abierta, feliz y que hasta que llegó al mundo real pensaba que todos los niños tenían una tía MariCarmen.

– Abuela, tengo hambre.

– ¿Qué quieres, bonita?

– Migas con chocolate.

A la escuela con tableta

Mi abuela, que nunca sé hasta qué curso hizo, porque en lo que hoy es el ayuntamiento del pueblo, había una escuelas con dos puertas, para chicos y chicas, iba a clase con un pizarrín. Ahí le enseñaron las letras.

Yo fui con mochila (que como Pocholo la sigo amando locamente). En la segunda década del siglo XXI también se va con tableta, táctil y digital, pero más próxima al pizarrín que a mis cuadernos, bolis y rotuladores.

¿Aprendí yo en la prehistoria?

Una mujer en el mercado

Unos nos guíamos por los amigos, por la tele, por la prensa. Puede que hasta tengamos algún blog como autoridad.

En la facultad te hablaban del líder de opinión.

Todo esto está genial hasta que llega mi abuela y nos cambia los esquemas.

Para ella el principio de autoridad es «una señora en el mercado». Normalmente comienza la frase con «me ha dicho una señora en el mercado» y así nos enteramos cómo remediar los problemas de colecterol, qué corte de filete es mejor o qué lugar es mejor para veranear.

En el mercado artesanal de San José una señora,  que vendía búhos flauta, nos enseño a tocarlos a ritmo del «Qué viva España» de Manolo Escobar.

Flauta búho en el mercado artesanal de Costa Rica from Rosa Jiménez Cano on Vimeo.

I gotta feeling (que es veinte veces mejor que una corazonada)

Mañana como con mi abuela María. Hace un montón que no nos vemos y vive al lado del periódico. No tiene perdón que frecuente su casa tan poquito. Dejé de ir con frecuencia cuando murió mi abuelo porque se me caía la casa encima al llegar a la salita de estar, girar la cabeza y no verle.

Peor fue para ella, obvio, pero me di cuenta después.

La cuestión es que siempre que salgo de viaje me gusta dedicar un rato a mi abuela y su casa, que es como si fuera mía, porque siempre que digo vamos a casa me refiero a la de ella.

Algunas de mis rarezas provienen de esa época, de comer bocadillos a mordisquitos, perderme Barrio Sésamo por esquivar perros abandonados o pedir a mi abuelo que me firmase la autorización para ir al Zoo, que fue mi primera excursión.

Mañana me hace lentejas. No es lo que más me gusta, pero ella las sabe hacer mejor que nadie. Para colmo, me guarda siempre un poco de «picantito» o una guindilla para que me sepa mejor.

Mi comida favorita son las carillas. Mi otro abuelo, Julián, las llamaba «muchachinos con chaleco». Cuando lo digo nadie sabe lo que son y me toca explicar que es una legumbre en forma de riñón, pequeña, muy fina, clara, poco harinosa, con una manchita negra en el centro.

carillas black eye peas

Cuando estuve en NYC descubrí que allí sí se conocen. Sobre todo entre los latinos. Lo denominan frijoles carita. En inglés se llaman «Black Eyed Peas» y están muy muy de moda. Mirad la que liaron con Oprah de testigo.

Yo tengo una feeling. ¡Al cuerno las corazonadas!

El reciclaje de toda la vida

Mi abuela es ecologista, en extremo, pero ella no lo sabe.

Me di cuenta de un detalle más ayer. Salí al patio a tirar algo a la basura y ¡voilà! Ahí estaba el cubo de la basura y el cubo de «los guarros». Es decir por un lado la basura-basura, y por otro los restos orgánicos para los cerdos. Antes eran de Tío Julio, ahora de «la José», nuestra vecina.

reciclajeabuela

Normalmente, además, los dueños de los cerdos tienen a bien darnos una morcilla, o huevos o similar por el detalle de dar nuestras sobras.