Be my Valentine, o cómo vender cosas rojas

El sentido del espectáculo se tiene desde que se mide medio metro. Es quizá lo que más me llame de Estados Unidos, la capacidad de hacer de cada ocasión un hecho memorable, de crear ceremonias paganas en cada instante y de convertir en acontecimiento lo que para muchos son solo anécdotas.

Ya he vivido un Columbus Day, un Acción de Gracias, un Halloween y un Saint Patrick’s. Si todo va bien este verano estaré para la fiesta nacional del 4 de Julio (y una boda, que eso también va a molar). Solo me faltará la Navidad.

El sábado, en un paseo efímero por Nueva York, además de recibir los regalitos de Giovi por San Valentín (resulta que se hacen también regalos entre amigos), flipé bastante con cómo todos los comercios se mimetizaban para la ocasión.

En España llamábamos a San Valentín San Corte Inglés. Allí tendría que ser «mi Visa se tiñe de rojo por San Valentín». Ya me imagino el anuncio en televisión: Una tarjeta de crédito, con su carita sonriente, comienza a pasear por la ciudad y poco a poco, mengua hasta que se pone el sol y termina desangrada en algún restaurante con velitas.

Pd.: Confieso que me encantaron los pasteles de Rocco’s. Hasta Google se ha apuntado con un doodle.

Entre la Navidad, Acción de Gracias y los momentos kitsch

Es curioso. Viví uno de esos días en los que si fueras de aquí y estuviera sola me sentiría triste. Ser de fuera tiene la ventaja de poder convertir un Acción de Gracias en una experiencia sociológica. Lore llamó para felicitarme. La gente lo hace, brinda y celebra contar contigo como amigo. La llamada sirvió de ronda teléfónica y nos recomendó llamar a una amiga que quizá lo necesitaba.

Después tocó el desfile-cabalgata de Macy’s. Se celebra desde el año 1924. Hasta quitan semáforos y farolas para que no se enganchen los globos. Por un momento pensé… ¿en España permitiríamos que una gran centro comercial formase parte de una celebración tradicional? Me acordé directamente de Cortylandia. ¡Ja!

Eso sí, en este apartamento se encuentran momentos kitsch para el recuerdo.

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