¿Extrañar o echar de menos?

En España no se usa la palabra «extrañar» en el sentido de añorar o sentir la falta de alguien –o de algo– tal como la usamos los latinoamericanos, sino la forma compuesta «echar de menos», que por lo visto nació de una confusión (del portugués achar menos, hallar menos, cuyo sentido implícito sí que se entiende mejor: hallar menos de lo que había, luego, sentir su ausencia1). Pero, bueno, como vivo en España y estoy más o menos acostumbrado a sentir la policiaca mirada de la Real Academia Española (RAE) cada vez que escribo, cambié de frase, pasé la tarjeta y seguí comiendo.

Aun así, he de confesar que «extrañar» me parece una palabra insuperable. No sólo por cómo suena, con su equis y su eñe marcando el ritmo y dando una idea del carácter de quien la pronuncia, sino por la amplitud de su significado. Extrañar es, al mismo tiempo, sentir la ausencia de alguien o de algo que ha desaparecido de tu vida, pero también la extrañeza, el extrañamiento, la condición de extraño ser en que te ha convertido esa pérdida vital. Nadie puede ser el mismo cuando extraña a alguien; o, si me permiten esta tautología un poco rara, el que extraña se vuelve un extraño incluso para sí mismo.

Vía | Etiqueta Negra

Dedicado a Lázarus, el cubano trotamundos emocionado con su iPod Touch.