Dilma Roussef, una presidenta ‘techie’

Su tarjeta de visita en la Campus Party de no pudo ser mejor. Tampoco había mejor aval que Marcelo Branco, el más conocido promotor del software libre en Brasil, como asesor.

Dilma Roussef, siempre cercana a Lula, se prestó para un tú a tú con bloggers, sin pactar preguntas, sin decir que no a nada, con total cercanía. Igualito que por aquí…

Dejó compromisos  e ideas que dicen mucho del futuro tecnológico de Brasil (una vez electa, confirma su visión):

«Estamos ante la nueva plaza de los ateniense. Con la red somos más inteligentes y democráticos. También más creativos»

«Los bloggers de Brasil cumplen un papel fundamental. Comparten información, dan opinión, critican y fomentan el debate»

«El acceso (a Internet) debe ser universal, desde los más pobres a las tribus»

Pd.: Aunque se escribe Dilma resulta imposible reconocer su nombre cuando se escucha. Suena algo así como «Yuuuma».

Cambian los hábitos, ¿cambian los medios?

«Mi madre ya no ve la televisión después de cenar, se pone con el ordenador. Mi padre con el teléfono. Han cambiado los hábitos y la publicidad vale muy poco. No es popular decirlo, pero lo siento por los que trabajáis en periódicos. En Estados Unidos están cerrando porque dan noticias pasadas. Ahora la última hora se encuentra en Twitter y los blogs, los periodistas lo contrastan, investigan y hacen buenas historias con fuentes. Así van a funcionar los medios en internet»

Scott Goodstein, asesor en social media durante la campaña de Obama, clon de Gurruchaga y «chulo-piscinas» en Campus Party Brasil.

São Paulo, Gotham de Latino América

No consigo abarcar esta ciudad. Tiene la pinta que luciría Manhattan en los 70. Llueve flojito pero constante. Hace calor, pero quiero gozarlo. Paso de aire acondicionado. Son incontables los rascacielos, sobre todo de noche, muchos sin iluminación, en abandono, otros en construcción.

São Paulo regala un guiño y una historia en cada esquina.

¿Sabías que el Bingo está prohibido porque se usaba para el blanqueo? Con lo inofensivo que lo consideramos nosotros, vamos, un juego de abuelitas.

Vistas desde Torre Italia.