Hotel Quality Congonhas: al menos eran simpáticos

Estaba infestado de campuseros, con nuestras mochilas y ordenadores en recepción, esperando que llegase la van. El horario, como imagináis, era orientativo.

Las habitaciones estaban bien, limpias, funcionales, cómodas. El baño, con ducha grande, secador. Las vistas de la habitación eran lo que se espera de un hotel junto al aeropuerto de Congonhas.

De ahí salen los vuelos al resto del país. La ciudad fue creciendo y las pistas dejaron de estar a las afueras de la ciudad. De hecho, en 2007, un avión se estrelló al aterrizar allí. Pasan muy cerquita de las casas. Algún día harán un monumento para las víctimas. Por ahora, se conforman con unos tablones de madera junto a la carretera en el que algunos ponen estrellitas y nombres de seres queridos. Por suerte el ruido de los aviones no se nota. Sigue leyendo

De disco en São Paulo

Se les metió en la cabeza que éramos marido y mujer y nada, no había manera. Los polis nos trataban como matrimonio, lo mismo en los bares. Nada más llegar al hotel, nos dieron habitación conjunta. «Que no, que no, que somos periodistas».

Solventado esto, aprovechamos ratos libres para conocer la ciudad.

Vimos que junto al hotel teníamos una discoteca con una gran terraza. No nos animamos a ir hasta que nos devolvió para dormir un rumboso taxista. Su recomendación nos llevó a la puerta. Decía que Capital era conocido como un templo de la música electrónica la «quinta feira».

De repente, me convertí en «VIP», como el resto de las chicas. Así justificaron que mi compi pagase 15 reales por entrar y una copa que tenía que ser de vodka.

Nada más pasar la puerta, revisión de bolso y cacheo a ambos.

Como en cualquier parte, vas a pedir a la barra, ¡error! Allí se pide en una especie de ventanita. Compras las que quieras, te dan los tickets. Si eres clásico, los canjeas en barra. Si no, viene un camarero y toma la comanda.

Varios caipirinhas más tarde, al salir (menos mal que sólo estábamos a 50 metros del hotel), nos encontramos esta furgonetilla convertida en factoría de hot dogs o cachorro quente que dicen en Brasil. Curioso para terminar la noche.