Mi pan

Al terminar la semana de curso en Costa Rica, Lorna nos tenía preparada una sorpresa. Nos llevó a un museo para conocer las tradiciones locales. Visitamos una casa típica, vimos cómo se vivía antiguamente en el campo, con los pollos por ahí sueltos y los aparejos de labor.

Después, como en el cole, jugamos a hacer pan. Unos hicieron un bastón, otros una barrita. Hubo estrellas, arbolitos y corazones.

¿Adivináis cómo fue el mío? Continuar leyendo

Volcán Poas: ácido y amarillo

Los caminos está cuidados, no llegan a dar miedo como en Bolivia. No son así por falta de recursos, sino por ese compromiso con la naturaleza.

Después de transitar el serpentín, llegamos al Volcán Poas.

Dimos un paseo en el que poco a poco los pulmones se sentían cada vez más débiles.

El azufre calaba. Para colmo, no parecía haber mucha suerte. Las nubes estaban tan bajas que chafaban el espectáculo.

Sólo después de un ratito pudimos ver el espectáculo que se escondía en el cráter.

Por la ruta del café en Costa Rica

Carla fue nuestra guía, lista, liantilla, bromista y con esa pronunciación extraña de la “r” tan típica en los ticos. Fuimos a conocer mejor cómo se hace el café. Desde grano, la recolección, el proceso de selección, el tostado y secado.

Grano de café recién cogido de la planta

Salimos casi casi, con un máster en la matería de la factoría Doka. Me impactaron las condiciones en que trabajan los curris de la plantación cuando toca recolectar. Se pegan un madrugón, cobran según los cestos que recogen; por supuesto, es un trabajo de temporada, y además, están expuestos a los alacranes y serpientes que sienten muy a gusto entre estos cultivos.

Si alguna vez vais por ahí, no hace falta que compreis café en el sitio. Es muy bueno, lo traje para regalos porque yo evito tomarlo, pero me costaba en el hotel lo mismo y no tenía que cargar con ello. También merece la pena probar los diferentes chocolates que hacen con el café.

En Costa Rica, cada vez se consume más café como el que nosotros consideramos ‘gourmet’, sin embargo, no era costumbre. Hasta hace poco, se tomaba lo que restaba de la fabricación de este que se suele exportan. Es todavía muy bajo el porcentaje de café de lujo que disfrutan los habitantes del país.

Pd.: No me pregunteis por Juan Valdés (ahora Váldez, según las cafeterías de Madrid) que ese era colombiano.

Premio Nacional para un periodista sin fronteras

Hace nada os hablaba de la gran paciencia de Cristian Cambronero, autor del blog “Fusil de chispas”. Paciencia, gran virtud para un periodista, entre muchas más que atesora. Tantas que hoy ha recibido un reconocimiento extraordinario: Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez 2009.

2009-10-08 02:57:14 +0200De momento lo realmente claro es que la naturaleza misma de un blog lo haría perder su esencia si fuera unidireccional. Es la participación lo que ha hecho que el Fusil -si se quiere- funcione, y sirva para algo.
Esto me supera. El más honesto agradecimiento para todos los que pasan por aquí. En serio.

Enhorabuena por el premio y gracias a Michelle Soto por el aviso.

El compromiso verde de Costa Rica

Costa Rica podría tener mejores carreteras, puede que trenes, más hoteles. En algún momento habrán estado tentados de hacer aeropuertos en un montón de lugares para olvidarse del mundo.

Si sucumbiesen a esta tentación su paraíso duraría un suspiro. No sólo por eso, sino porque valoran el planeta y lo cuidan en extremo.

Lo normal es encontrar varias papeleras. No sólo por la calle, también en la habitación del hotel, para tirar la basura donde corresponda en caso.

Cubos de basura en la plantación de cafés Doka

Tiquicia, el Valle Central a tus pies

Si alguna vez vais a San José pedid que os lleven a Tiquicia, que es el apodo que los locales dan a su país, pero también el nombre de un asador típico con unas vistas increíbles sobre el Valle Central. Tiene pinta de ser el típico sitio al que van los locales pero no tanto los turistas y mucho menos me parece a mi que te transporten los taxis.

La entrada está algo escondida y nos perdimos un poquito para llegar. La carta, con el clásico “gallo pinto”, destaca por el amplio surtido de cervezas locales y de importación, así como por unas exquisitas carnes y arroces. Tomamos el casado típico, patacón incluído (¡y mis queridos jalapeños!).

Cristian Cambronero se ganó el cielo no sólo por llevarme al parque de la Sabana y a Tiquicia, sino también a Escazú ¡de compras! Toda la tarde. Anduvimos escogiendo chocolates, plátanos fritos con sal y probándome modelitos en tiendas surferas. ¡Eres un santo! Cuando vengas a Madrid prometo corresponder.

Una peculiar ropa de trabajo

Primero vi una tienda de “Ropa Americana”.

Después un operario por la calle con sus herramientas ataviado con ropa vaquera.

Me fijé un poco más y… resulta que la ropa vaquera es la ropa de trabajo en Costa Rica, al menos en la Compañía Nacional de Fuerza y Luz.

¿No os parece curioso? Me parece que cuando vaya a Venezuela fliparé más aún con los funcionarios y sus camisas rojas. Los de Costa Rica me parecían muy apropiados para hacer videoclips a lo Village People.

Una ayuda necesaria para la casa de Yorkín

En cuanto tenga un poco de tiempo os pongo más historietas de Costa Rica (todavía tengo un montón de posts pendientes del verano en NYC, Philadelphia y Washington DC). La cuestión es que me quedé con las ganas de conocer más sitios. Cuando vuelva me gustaría poder ir a la casa de Yorkín, al sur del país.

Paco Nadal nos cuenta qué ha sucedido. Entre todos podemos ayudar con medios y difusión para que las mujeres de esta cultura única puedan seguir con su medio de vida. Han perdido los botes, los alimentos y materiales. Así, no podrían atender a visitantes como tú y como yo, aburridos del turismo de garrafón y con ganas de que nuestros anfitriones nos traten de tú a tú y compartan experiencias con nosotros.

Museo del oro en San José

El último día que pasé en San José lo dediqué a patear la ciudad. Un rato con Mantilla, después de la loca noche de despedida, hasta que se fue y seguí sola.

museodeloro360

El Museo del Oro está muy bien planteado. No sólo porque explica cómo se conseguía el metal, cómo se vivía en la época precolombina, sino porque lo hace atractivo, cercano, permite tocar y, a diferencia de lo habitual en muchos sitios de América Latina, no hay lugar para el rencor, ni para lamentar que ya no está el oro. Continuar leyendo