Felices 80, abuela

Cada vez que me enfadaba decía lo mismo: «Me voy a ir a vivir con abuelo y abuela». Era mi refugio, mi vuelta idílica al lugar donde una vez fui feliz. Estar cerca de mi abuela me hace sentir así, aunque sigo echando de menos a quien me enseñó valores casi en desuso y una desmedida afición a los toros.

Mi abuela María, además de mi líder de opinión, es el núcleo que nos une a todo. Siempre dispuesta, capaz e impetuosa. No conozco a nadie con tanta imaginación para construir de la nada.

Gran parte de mi imaginario infantil viene de abuela, de su gorrini (un pájaro que se posaba en su hombro), del vestido llegado de Argentina que su madre deshizo para hacer calcetines a sus hermanos o de la mazorca de maíz con una tela que era su muñeca. En tiempos en que se nos ha olvidado lo que es pasarlo mal, yo me acuerdo de aquellas gafas que llevaba a la cárcel o de que los Reyes solo le echaban una naranja o una figurita de mazapán. Nunca la ha escuchado quejarse por ninguna de estas circunstancias. Mis abuelos hicieron de mí una niña abierta, feliz y que hasta que llegó al mundo real pensaba que todos los niños tenían una tía MariCarmen.

– Abuela, tengo hambre.

– ¿Qué quieres, bonita?

– Migas con chocolate.

Los últimos 15 años, ¡y los que vendrán!

“La buena amistad soporta la infrecuentación.”

Jorge Luis Borges

(Sin embargo, me esfuerzo en frecuentar a quien aprecio)

Cuando estaba en 2º de BUP tuve una nueva compañera en clase. Ya era amiga de José del Río y Bianca. Así conocí a Victoria. Los tres fueron grandes cómplices durante ese tiempo en que no sabes qué va a ser de tu vida y desde el martes en el primer recreo se comenzaba a maquinar el finde que estaba por llegar. El lunes no, porque estaba para comentar las jugadas de las noches de viernes y sábado.

Desde entonces nos hemos visto con más o menos frecuencia pero con la misma cercanía. No solo hemos cultivado la confianza necesaria como para llamarlo amistad (¡ojo, que me visitó cuando me escacharré la pierna) sino que también me abrió las puertas a un grupo en el que cada gesto suma y cada minuto compartido cuenta. Sigue leyendo