Grandes éxitos de Massiel, un compromiso

Bajaba hace un rato a comprarme una ensalada en uno de mis sitios favoritos de mi barrio adoptivo en NYC, The Bread Factory cuando me encontré con uno de los señores de mantenimiento del edificio.

Ya sabeis de mi facilidad para hablar con animales, paredes, tipos extraños y cualquier persona. A veces, hasta hablo con máquinas, sobre todo si desarrollo algún vínculo afectivo con las mismas. Caso de mi iPhone. Lo mismo sucede con Manzanito, nótese que hasta he bautizado al MacBook…

La cuestión es que en el edificio en que suelo quedarme en Nueva York hay porteros y servicios 24 horas. Uno de ellos es un encanto de piel azabache, de esos que sino fuera por el blanco de sus ojos y lo impecable de su sonrisa no distinguirías en la oscuridad. Suele saludar con un gesto muy personal que Moeh imita con cercanía al original. Otro de ellos es filipino; entiende el español porque lo estudió en el colegio. Cada vez que me habla lamenta no haberse empleado más en la escuela. Le gusta hablar conmigo de deportes, especialmente de fútbol español, de Rafa Nadal. Opina, además, que Ricky Rubio, a pesar de no salir en el draft en la posición que soñaba, tendría que haber comprado su libertad y venirse a la NBA.

Al pasar la puerta estaba esta noche con su traje uno de los curris cuyo nombre desconocía hasta hoy. Sabía que era chileno y conocía su función pero desconocía el nombre. Sigue leyendo