Mi sinusitis y la contaminación

Puede que no tenga nada que ver una cosa con la otra. En todo caso, el 15 de febrero se desvelará la incógnita.

A comienzos de año empecé a sentir que no podía respirar por la nariz. Andaba como las viejitas, me faltaba el resuello al subir escaleras. Las radiografías confirmaron las sospechas: sinusitis. El especialista, después de cortisona y antibióticos, dio su parecer. Seguimos con cortisona y tiene pinta de llevar tiempo así la cosa.

Sus sospechas indican que es muy probable que tenga algún tipo de alergia (además de a mis queridos gatos). Pronto lo sabremos. La cuestión es que, sea cual sea el motivo de mi obstrucción, lo voy a tener difícil para saber cómo de mierdoso está el aire de mi ciudad, Madrid. Yo también quiero saber quién quitó (o mandó hacerlo) las estaciones de medición de contaminación. No es solo una cuestión de transparencia, también de salud pública.

Domingo Dominguín, un ser especial

Pasar una noche en las taquillas sirvió, entre otras muchas cosas, para charlar de buena mañana con Domingo Dominguín. Pocas semanas antes, al comienzo de la temporada, Carmen nos presentó.
Me alegra que el mundo del toro todavía tenga personajes de excepción como este líder natural.

Me temo que, a los dos, nos gusta demasiado darle a la húmeda. El texto es solo una pequeña parte de lo mucho que compartimos uno de los últimos días que abrían las terrazas en los aledaños de Las Ventas.

Dazet en concierto

Domingo por la tarde. Hay quien se entristece, hasta se deprime. Yo no. Si el fin de semana son dos días, los dos son míos. Que nadie me robe una tarde que me pertenece. No hay sitio para la melancolía pero sí para melodías, para el rock de una garganta de largo recorrido.

Dazet se entregó en el Picnic, en el corazón de Malasaña. Carlos Estrella hace de las suyas.

I love bici

He jugado al escondite de bicis en el parque. La bici, en mi barrio, era un símbolo de poderío. Hasta me robaron una… He regalado otras dos. Una de montaña, la otra urbana.

Confieso que me falta valor para usarla por Madrid. Me conformo con la estática para mantener mi rodilla tonta a raya. Esto no impide que me haya enganchado al blog de Pableras Pablo León y Pilar, o que me lo pase bomba cuando Manu y Faus me cuentan sus aventuras en cada bicicrítica.

Además del blog, habemus tema en ESKUP: Elogio de la bici.

Como sabéis, este 2010 comenzó sobre ruedas. ¿Qué podría evitar que siga así?

Lodovico Dolce, por Santigo Arroyo Esteban

lodovico Roma, la ciudad eterna, es un compendio de recuerdos y momentos. Al margen de nuestro espléndido guía, en la capital del Imperio (que no me refiero a Gran Vía) contamos con un cicerone sin igual: Santiago Arroyo Esteban. Para muchos, lo spagnolo volante. Para mí, Santi, el que se lamentaba a las puertas del Habana Batanga, el amigo de Manu, el bailarín entre pilares de madera y solos de Bunbury.

Santiago Arroyo Esteban, estudioso del arte, presenta Diálogo de la pintura de Lodovico Dolce el miércoles 3 de noviembre en la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla. C/ Noviciado, 3.

¿Quién se niega a darle calor a un ser tan adorable?

¿Tiene sentido el SIMO?

Esta mañana me dio la risa a las primeras de cambio. ¿Cómo es posible que se haga un SIMO solo para profesionales y que no dé sensación de serio?

Bromas aparte entre sushi y pastelitos… Me quedo esta reflexión de Pascual Artigas publicada como comentario a mi artículo en el Facebook de EL PAÍS: “Renovarse o morir: de las novedades nos enteramos por internet, las vemos en el corte ingles y las compramos en mediamark (p. ej.). Quién necesita un simo presencial”.

No sin mi iPad: la inútil aplicación de la Comunidad de Madrid

FOTO: JOAQUÍN PAÑEDA en El Comercio Digital

Ícaro fue el primero en verlo: Esperanza Aguirre se paseaba por Pravia este verano con un iPad a modo de cuaderno. ¿Nos habría encantado saber qué aplicaciones tenía instaladas.

Sólo tres semanas después la Comunidad de Madrid saca una aplicación de difícil uso para iPod Touch, iPad y iPhone. ¿Gastar por gastar? ¿Por estar a la moda? Si se quería dar un servicio ciudadano, ¿por qué no hacer algo más útil? Un programa en el que al menos se adapte la versión de la web al formato de pantalla. O, mejor aún, se tenga alguna manera de obtener feedback de los ciudadanos.

El Gobierno Vasco y la ciudad de Getafe lo han hecho bastante mejor.

Habrá Red Innova en Buenos Aires

Después de un rato conversando con Francisco Cabrera me enteré de que en 2011 habrá una versión de la Red Innova en Buenos Aires. Me gusta la noticia.

Los momentos de propaganda han sido los más pesados de la tarde. Por la mañana tampoco salí muy contenta después de escuchar a Loïc LeMeur. Aunque no he ido seguía todos sus pasos con interés desde las primeras ediciones de LeWeb, o desde que Seesmic era con cámara de vídeo. Me quedé algo desilusionada al ver cómo se ensañaba con la envidia como pecado nacional español o las comparaciones con Silicon Valley.

Aquello es aquello y esto es esto. ¿No se acuerdan de Darwin? Pues eso. Habrá que ser un poquito camaleónicos y adaptarse a cada ambiente.

El final fue divertido pero no tengo claro si Miguel Bosé se puso tan soso deliberadamente.

Juan Miguel Sánchez Vigil, editor de primera

Nos conocimos en la facultad, en edición fotográfica. Era mi profe. Después, Sánchez Vigil, me dio consejos para hacer fotos en la meseta de la enfermería en Las Ventas.

En la última edición de El Cossío de Espasa nos enseñó cómo se edita, pero de verdad. Isra Cuchillo siguió sus pasos y el resto del equipo siempre guardamos un grato recuerdo de su fomar de enseñar y amar la vida.

Este viernes a las 20h podéis conocer a una de las personas que más sabe de edición. Presenta su obra en el Ateneo.

Volar con Air China, toda una experiencia

Embarcamos casi puntuales. Por suerte, pedí pasillo y no tuve a nadie al lado, así que disfruté también de la ventana. Resulta que el avión venía de Pekín, hacía escala en Madrid y llegaba hasta São Paulo. ¿No sería más fácil ir por el otro lado del planeta?

El asiento no estaba del todo limpio y olía un poco acidito, pero era bastante cómodo. En cada asiento hay una pantalla, pero echan cuatro películas en bucle todo el tiempo. Dos chinas y dos yankees. El capitán nos hablaba por megafonía en chino y en inglés, aunque a veces se le olvidaba esto úlimo. Como tampoco hablaba muy claro así que…

Nada más despegar nos dieron el “desayuno”, con una tortilla y espinacas. Bastante rico. Al mismo tiempo algunos críos empezaron a moverse por el avión y no pararon hasta llegar. Jugaban también con los azafatos. En una de mis visitas al baño, descubrí que un señor se había sacado un cuenco de plástico y comía los noodles. Fui a pedir agua a los “aeromozos” y tuve que esperar a que se terminaran de pelar una pera.

No lo hacían como chulería, sino con toda normalidad. Eran simpáticos, pero metidos en su rutina.

La siguiente comida me hizo más gracia. Me preguntó que qué quería “fish o chicken?”. Si sólo quedaba pollo, ¿para qué me preguntas, alma de cántaro?

Me tocó una especie de sepia que ni toqué pero sí el arroz y la verdura. (Supongo que al leer por aquí mi madre ya se hacía ilusiones).

Fui afortunada porque a los que parecía compatriotas de la tripulación ni les preguntaba. O son muy resignados o igual están programados en otra frecuencia con los delfines o los silbatos para perros y se comunican por telepatía.

Como pedí Coca Cola light me la dieron de lata. Lo normal era que lo sirvieran de una botella de dos litros.

Me pidió ayuda la vecina de pasillo para rellenar el formulario de inmigración, pero no le entraba en la cabeza que yo no sé chino y ella ni español, ni portuñol, ni francés, in inglés. Al menos no era como el señor de delante de ella, muy trajeado pero aficionado a carraspear cada poco rato y dejar un regalito viscoso en la bolsa que siempre pensé era para potar.

El aterrizaje fue suave, aunque no entendí nada de lo que decía el piloto al final.

Triball, no aceptes imitaciones

logoMuchos pensaríais que Triball es esa especie de conglomerado de tiendas pijas entre putas y chulos. Precios altos, tiendas trendy, y mujeres ofreciendo su cuerpo mientras los polis se pasean. El pasado jueves había en medio de la calle Barco una colección de figurantes que parecían divertirse en un artificial concierto.

Eso es, supuestamente, Triball.

Menos mal que me refugié en lo que muchos creen que es una tienda de plantas, “El Vivero” lo llaman los del barrio, cuando la definición más cercana de lo que se hace en las Indias.

El verdadero Triball es este. No acepteis imitaciones, amiguitos.

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