Un paseo por Spanish Harlem

Subí a Harlem, en metro. Lo siento por los amantes de los express, o los que creen que es guay que su línea de metro tenga una letra. Me quedo con la 1, es la mejor. Subí hasta la calle 157. Un poco más y termino en el Bronx.

Tuve la loca idea de volver andando hasta Central Park South, que es el nombre chulo de la calle 59. Prueba superada.

Oí mucho español, con aire del Caribe. Señores que tocan las maracas al ritmo de su estéreo. Otros que ponen el cassette del coche para que suene de fonde en la partida de dominó. Algo de Santana, algo de reggaeton y mucho habla boricua. Más espectadores que jugadores y algunos dólares. Spanish Harlem existe con sus peluquerías, casas de comidas, ropa, dentistas y franquicias mezcladas. Todo en uno.

En un calle vi como salía el agua sin fin, sin que a nadie le importase, como si no valiese nada. Regando a los chavales, el asfalto y los coches que paraban en el semáforo.

Otro NYC, menos turístico, igual de sabroso.

La calle 125 es el corazón de Harlem.

Pd.: No me preguntéis si es peligroso porque, es evidente, parezco uno de ellos más que un NewYorker o un turista.

 

Wired Store: para tocar, no para vender

Salí con cacharritos para pagar con el móvil que no funcionan en España, la boca abierta y ganas de tener algo parecido en España. La tienda Wired de Navidad, entre Broadway y la calle cuatro invita a pasar tiempo en los salones de la parte de arriba (con cervecillas y snacks de cortesía), jugar en el sótano o trastear en la planta principal.

Solo abre hasta un día después de Navidad, además, de miércoles a domingo. Aún así, si pasas por Nueva York merece la pena dedicar una horita a ver los últimos aparatos. Muchos de ellos también se venden pero ni siquiera vi donde estaba la caja ni a nadie salir de allí comprando. La marca de una revista también se refuerza así.

Hung Ry, noodles como nunca antes has probado

Sandro, otro de los anfitriones fetén del viaje a NYC, me dijo que lo peor que te puede pasar es que un restaurante que te gusta salta en el NYT. Olvídate de ir cuando te parezca. Incluso de hacer reservas para la misma semana. A medida que aumenta la fama lo hacen los precios.
Algo parecido me contó Bob con un bar de Chinatown, como es obvio, no se refiere al del pescado flotante y la calificación sanitaria de B.

En todo el viaje ha sido muy difícil repetir visita a un restaurante, pero uno sí mereció tal honor. Hung Ry, en Bond Street 55, entre el SoHo y el Village, une espectáculo (sin querer serlo), buen ambiente y una comida de lo más interesante. Lo sorprendente es que, además de tener grandes críticas de blogs y sitios de comida, aparece destacado en el WSJ y el NYT.

Esto va a ser como cuando comenzó Belmonte y le preguntaron por él a El Guerra: «El que quiera verlo, que se dé prisa porque ese durará un suspiro»… Sobrevivió al toreo y cambió, para siempre, la historia de la Tauromaquia.

Es difícil tomar algo tan sabroso, natural y con una elaboración tan sorprendente. Hasta te preguntan si prefieres los noodles (fideos) finitos o anchos, y después, se hacen con las manos.

Pd.: A los amigos os recomiendo ir el sábado y comer en la barra. Si sois muy amigos míos lo comprenderéis al instante. Si tenéis suerte conoceréis a Amadeus, un auténtico ciudadano del mundo.

Nueva York, una ciudad con sonido propio

Cuanto más vengo, menos conozco Nueva York. Cada vez menos actividades turísticas y cada vez más cosas por descubrir, lugares por patear y muchas cenas y copas por tomar.

Bob, Lore, Robert, Kim, Robert, Sofía, y, como no, Giovi, María y John han sido unos excelentes compañeros de aventuras y anfitriones. Queda mucho por contar de esta aventurilla que, controladores mediente, toca a su fin en pocas horas.

Antes de que llegue una cascada de posts con chorradas y curiosidades me aparecen en la cabeza muchas, montones de melodías que sazonan una ciudad con un sabor lleno de mezclas. Nueva York es una ciudad gazpacho.

La Bamba es puro sabor latino.

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Felices 75, Woody Allen

Si Gregory y Álvaro te piden algo tan divertido como una gimkana urbana en Nueva York no te puedes negar. Si además el tema central es Woody Allen no hay excusas. El domingo anduve pateando la ciudad para encontrar algunos de los lugares que salen en las películas del polifacético personaje.

Cumple 75 pero en su ciudad no parece que nadie lo celebre. Cosas que pasan.

A cambio descubrí rincones increíbles, lugares llenos de concentración y un señor que canta la canción del reno Rudolph (el de la nariz roja y los rumores) ayudado por su iPod nano.

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São Paulo, Gotham de Latino América

No consigo abarcar esta ciudad. Tiene la pinta que luciría Manhattan en los 70. Llueve flojito pero constante. Hace calor, pero quiero gozarlo. Paso de aire acondicionado. Son incontables los rascacielos, sobre todo de noche, muchos sin iluminación, en abandono, otros en construcción.

São Paulo regala un guiño y una historia en cada esquina.

¿Sabías que el Bingo está prohibido porque se usaba para el blanqueo? Con lo inofensivo que lo consideramos nosotros, vamos, un juego de abuelitas.

Vistas desde Torre Italia.

Gracias, Mike (Bloomberg)

Ser alcalde de Nueva York no es un cargo cualquiera. Ruddy Giuliani pasó a la historia como el alcalde de las Torres Gemelas por la entereza que mantuvo y lo diligente que se mostró en tan sensible momento. Hasta entonces también era conocido por ser una suerte de David Copperfield que hizo desaparecer mendigos de las calles. Un día girabas en la esquina de siempre y ya no estaba el pedigüeño «de siempre», sin rastro, sin dejar un bote para recoger propinas o un email para seguirle los pasos. Creo que en aquel momento ni tan siquiera había Facebook.

El siguiente alcalde ha sido Mike Bloomberg, bueno, Michael. Tan modernillo con su TwitterMagnate de los medios y las finanzas, se le critica porque durante la semana está en Nueva York, pero el fin de semana, en lugar de disfrutar de las bondades de la Gran Manzana desconecta en una isla paradisíaca. Entre sus campañas están la de pagar mamografías de su bolsillo o abonar el importe de los «pinganillos» que sirve de guía turística en el MOMA. No está clara la línea entre lo que paga su empresa y la ciudad, pero basta con mirar los logos para saberlo.
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Por ejemplo, fuimos a Central Park, a ver cine gratis. Era una experiencia cívica, tranquila, chuli, y colectiva. Era cosa del ayuntamiento. Las palomitas con sabor a Oreo (extraña combinación que no me convenció), eran de su bolsillo (de su empresa, se entiende). Toda una experiencia ver entre té verde sin azúcar y nachos Ocean’s Eleven (de nuevo).

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Hair, esos hippies…

Nos metimos por recomendación de Fany que a su vez había recibido recomendación de, creo, un profe de su escuela. Después de tener un 30% de descuento en el tktron (unas taquillas que hay en Times Square creadas por el sindicato de los teatros para rebajar a última hora el precio de las entradas disponibles para así mantener las funciones llenas de gente. Lo consiguen. Ellos contentos y los que vamos a un musical sin tener el capricho de uno en concreto, también contentos) nos metimos el domingo a las 14h a ver Hair.

Mi experiencia en musicales no es mucha. No son santo de mi devoción y me aburrí como una ostra viendo Cats en Madrid.

Ignoraba que es un remake pero Mr. Burger lo borda. En realidad, toda la tribu. Si eres hippie, abierto de mente o amante de los diferente, te gustará. La música te parecerá «de toda la vida». Va subiendo el tono, poco a poco, metiéndose a la audiencia en el bolsillo, creando complicidad y una atmósfera en la que llegas a creer que tu función es la única, la verdadera, la mejor que hizo nunca esta compañía. El final, emotivo, crítico, comprometido, se torna en sentimiento colectivo con una invasión de escenario.

Página del musical HAIR. Ah, la tribu tiene Twitter.

No sin mi dirty burger

Giovi y Robert nos lo vendieron tan bien que no hemos podido resistirnos. Teníamos que ir al Thunder Jacksons de la calle Bleeker, en el sur de Manhattan, para probar esta maravilla de la comida yankee. Yankee, sí, por supuesto, pero no necesariamente, ‘junk’, ni chatarra, ni comida basura.

Las dirty burgers son especiales. Salimos contentos del sitio. La camarera pelirroja, además, resultó ser especialmente peligrosa, aunque no terminé de captarlo en el vídeo.

Dirty burger, una experiencia from Rosa Jiménez Cano on Vimeo.