¿Una tableta de 1800 euros?

Confieso que le tengo gran cariño a Siemens. También a Fujitsu. A la primera compañía, porque en mi etapa de becaria de Márketing (small-tickets en renting -no hace falta que lo entendáis) aprendí muchas cosas. Que con los jefes del Opus siempre encajo. No sé por qué, pero nos entendemos y hasta me dan consejos que sirven en la vida. Será el amor al trabajo. Retuve lo de que ni un solo teléfono suene, que a ser posible se debe aprender el nombre de quien llama y a comprar dentro en lugar de fuera. Si era preciso hasta con los sobres o las fotos de los folletos. Aprendí mucho de su cultura y manera de gestionar el tiempo. Todavía sigo haciendo bromas que solo yo entiendo y digo «aus Kantine»

Todo esto por no hablar de algunas tardes currando en casa de Olga en El Escorial, con la finca-granja-escuela esperando para dar una vuelta en bici hasta el embalse mientras me leía manuales para mejorar en mi labor.

A Fujitsu es por algo más infantil. Por mi viaje a la Expo 92. El pabellón que más me gustó, junto con los de Japón, Chile y Canadá, fue el de Fujitsu. Por primera vez vi cine en 3D.

La unión entre ambas compañías para hacer ordenadores me hacía gracia. Por estos motivos tan poco lógicos pero sí afectivos me parece desacertado que hagan, en tiempos en que un iPad parece caro, una tableta con Windows 7 de más de 1800 euros.