Ocio electrónico, ¿para quién?

Cena de amigos un sábado noche, en el sitio ruso que me descubrieron los indianos y que también parece gustar a Jezz. Los de siempre, los que nos vamos de viaje en Nochevieja e intentamos tomar algo los miércoles por la noche (el que pueda). Nueve personas. Cinco chicas y cuatro chicos, todos estamos rozando los 30, uno más, uno menos.

Tres de nosotros tenemos Nintendo 3DS, un aparato lanzado hace menos de un año. Muchos creen que es para pequeños, pero ahí estamos, coleccionando sombreros y cromos… En la mesa también había tres poseedores de una PSP. Durante la cena hablamos de la futura PS Vita y del FIFA Street.


¿Por qué no se tratan los videojuegos, cada vez más entendidos como una forma ocio electrónico, como si fueran novelas o películas? Si los treintañeros nacimos con la industria y no la hemos abandonado igual significa algo…

Desarrollo de videojuegos en España

Primera noche en Japón. Primera visita a Gonpachi, que pronto se convirtió en nuestro sitio de confianza y valor seguro para pedir cosas sabiendo de antemano qué iban a ser. Jet lag extremo y se me ocurre sacar la conversación. Después de un arduo debate me vi en 3 contra 1. Reflexioné y sigo pensando parecido: una industria, por el hecho de ser local, no merece automáticamente el apoyo. Creo que como periodistas no estamos para apoyar o tirar por tierra a nadie. Menos aún según criterios nacionalistas.

Otra cuestión es que Gonzalo Guirao, de Tonika Games, sea algo fuera de los común y se haya convertido en el referente local para desarrollo de videojuegos. Más allá del último caso de éxito, The Mistery Team, ha demostrado que se pueden crear videojuegos de alta calidad, con tramas interesantes y amplia aceptación más allá de nuestras fronteras.

Precisamente, esa es la idea. Precisamente, él pide que no haya subvenciones, sino rentabilidad, capacidad para trascender sin necesidad de ayudas y, sobre todo, proponer por sí mismos en lugar de actuar bajo pedido de grandes compañías. Ojalá ese día llegue pronto.

Siempre me ha gustado pensar que lo importante no es de dónde viene la gente, sino a dónde quiere llegar.