Preguntas entre mechones

Mi fijación por Chenel y su mechón no es nueva. Hoy, fuera de la entrevista, se me ocurrió hacer una pregunta de esas que no piensas dos veces: “Después de tantos años tiñéndote, ¿cómo es que no te has quedado calva?”. Ejem, después de la explicación, me quedé un poco cortada.

En la siguiente dosis de enredados comprendereis todo. (Enrique maquinó el encuentro y Juanjo y yo flipamos).

Fuentes, inmediatez y demás

Gabilondo, en su homilía de Cuatro desde Bilbao, anoche, puso los puntos sobre las íes.
No creo que internet tenga la culpa, aunque sí se multiplicaron las quinielas por este medio. De hecho, en la radio también lo dieron pero Gabilondo lo obvió.

Adiós a Radio Complutense

Este evento/causa en Tuenti me trajo esta historieta a la cabeza.

Desde hace un tiempo me ronbada la idea de pasarme por la radio de la facultad para tratar de recuperar un corte. Es una tontería pero me hacía ilusión. Nunca me sentí a gusto en la mole gris. Para mi era el sitio del “no”. A todo me decían que no, y terminé aburridita.

Estuve los tres primeros meses de la carrera en el periódico, pero me fui porque no se editaba más que dos veces al año, era una competición por ver quién era el más listillo y para ahorrarse las listas de espera de las salas de informática. Así que era algo cómo un cibercafé para altivos columnistas en ciernes.

La radio sólo la frecuentaba para esperar amigos en los sillones, cual consultorio médico. Corrían rumores, además, de que Ventín la politizaba y te tenía que hacer de Altavoz para hablar en ella. No me lo terminé de creer pero tampoco di el paso para ponerme a hacer prácticas en ella.

En la carrera tuve dos amigas más o menos cercanas. Iria y Ana. De Iria siempre me admiró su acento gallego y el cariño por su abuela. De Ana, sería muy cruel destacar su voz, en realidad, lo que más me gustaba era su novio y cuando se dejaron, me lo quedé. Era algo así como comprar un coche con el rodaje hecho. Ella misma me pasó el teléfono, pero dejó de hablarme. Y ahora, pues eso, ni novio, ni amiga, pero sigo tan contenta. ;) Eso sí, nadie me quita mi máster Madrileño/Bárbateño Bárbateño/Madrileño.

Un día fuimos a la lectura de El Quijote en el Círculo de Bellas Artes. Yo había estado ya con el insti, cuando la profesora de literatura, más conocida como “La Cordobesa”, nos contó lo mucho que quiso a Alfonso Guerra tras encontrárnoslo allí.

El cometido de mis compañeras era conseguir declaraciones para su programa de radio. Alguna que otra consiguieron.

Zapatero por entonces era líder de la oposición. Fue al acto para leer un fragmento como tantos otros. Cuando se iba trataron de sacarle declaraciones. Pero llevaba prisa. Antes de que bajase por las escaleras en curva, les arrebaté la grabadora y me fui tras el futuro presi (por aquel entonces no dábamos un duro por él, pero…)

Iba junto a Jesús Caldera y dos guardaespaldas. Igual fue porque le veo parecido a mi padre, pero, solté arrimando la grabadora: “Jesús, es para la radio de la facultad, soy estudiante”. Será que le hizo gracia eso de ser estudiante o caló hondo la carita de pena. Le dió en la espalda a Zapatero, y me contestó por qué había ido al acto, qué significaba para él esa obra y me confirmó que lo había leído (muchos, hablan de boquilla, mejor someterle al test, ¿no?). Devolví la grabadora a mis compañeras tan feliz. Ellas también, volvían a la radio con un gran testimonio.

Me entero de que han cerrado la radio de la facul y me quedo triste. Ya no podré conseguir aquel testimonio. Cerraron con malas formas y cambiando la cerradura. Una pena.

Lo de menos es mi corte. La pena es la oportunidad de hacer radio por parte de los estudiantes. Aunque siempre podrán montarse un podcast.