Volar con Air China, toda una experiencia

Embarcamos casi puntuales. Por suerte, pedí pasillo y no tuve a nadie al lado, así que disfruté también de la ventana. Resulta que el avión venía de Pekín, hacía escala en Madrid y llegaba hasta São Paulo. ¿No sería más fácil ir por el otro lado del planeta?

El asiento no estaba del todo limpio y olía un poco acidito, pero era bastante cómodo. En cada asiento hay una pantalla, pero echan cuatro películas en bucle todo el tiempo. Dos chinas y dos yankees. El capitán nos hablaba por megafonía en chino y en inglés, aunque a veces se le olvidaba esto úlimo. Como tampoco hablaba muy claro así que…

Nada más despegar nos dieron el «desayuno», con una tortilla y espinacas. Bastante rico. Al mismo tiempo algunos críos empezaron a moverse por el avión y no pararon hasta llegar. Jugaban también con los azafatos. En una de mis visitas al baño, descubrí que un señor se había sacado un cuenco de plástico y comía los noodles. Fui a pedir agua a los «aeromozos» y tuve que esperar a que se terminaran de pelar una pera.

No lo hacían como chulería, sino con toda normalidad. Eran simpáticos, pero metidos en su rutina.

La siguiente comida me hizo más gracia. Me preguntó que qué quería «fish o chicken?». Si sólo quedaba pollo, ¿para qué me preguntas, alma de cántaro?

Me tocó una especie de sepia que ni toqué pero sí el arroz y la verdura. (Supongo que al leer por aquí mi madre ya se hacía ilusiones).

Fui afortunada porque a los que parecía compatriotas de la tripulación ni les preguntaba. O son muy resignados o igual están programados en otra frecuencia con los delfines o los silbatos para perros y se comunican por telepatía.

Como pedí Coca Cola light me la dieron de lata. Lo normal era que lo sirvieran de una botella de dos litros.

Me pidió ayuda la vecina de pasillo para rellenar el formulario de inmigración, pero no le entraba en la cabeza que yo no sé chino y ella ni español, ni portuñol, ni francés, in inglés. Al menos no era como el señor de delante de ella, muy trajeado pero aficionado a carraspear cada poco rato y dejar un regalito viscoso en la bolsa que siempre pensé era para potar.

El aterrizaje fue suave, aunque no entendí nada de lo que decía el piloto al final.

São Paulo, Gotham de Latino América

No consigo abarcar esta ciudad. Tiene la pinta que luciría Manhattan en los 70. Llueve flojito pero constante. Hace calor, pero quiero gozarlo. Paso de aire acondicionado. Son incontables los rascacielos, sobre todo de noche, muchos sin iluminación, en abandono, otros en construcción.

São Paulo regala un guiño y una historia en cada esquina.

¿Sabías que el Bingo está prohibido porque se usaba para el blanqueo? Con lo inofensivo que lo consideramos nosotros, vamos, un juego de abuelitas.

Vistas desde Torre Italia.