El satélite, la mejor opción para tener Internet en el ámbito rural

Con mi primer portátil, de 4 gigas de espacio (lo que llevan ahora de RAM), su procesador AMD y más de dos kilos de peso, me presentaba en el pueblo. Iba a casa de mi abuelo Julián (que le parecía todo bien con tal de que fuera a verle ¡y comiese!), desmontaba el teléfono, con el módem marcaba un número de Talavera, de la centralita que servía a la zona y me conectaba a 28800 bps, cuando había suerte, claro. Otras veces tocaba ir a 14400. Creo que desde entonces no han cambiado mucho las cosas en cada casa. Sí es cierto que hay una zona promovida por la junta para conectarse en «el bar de los viejos».

La promesa de una mejora en el Internet  es una promesa que casi nunca se cumple. KA-SAT, un satélite de próximo lanzamiento, podría arreglar esta brecha entre la ciudad y el mundo rural. Si todo sale según los planes a finales del año que viene ofrecerán un kit por 39 euros al mes que dé conexión a la Red de 10 megas, televisión y llamadas fijas.

Por eso fui a Toulouse. :)

Toulouse, la ciudad rosa

-Aparecí allí sin saber que la ciudad se llamaba como yo, por el color más que nada…

Toulouse es una ciudad hecha a la medida de las personas. Por el cauce del río Garona la gente iba haciendo footing.

Chavales con bufanda, cartera (de las de repartidor de cartas) puesta en bandolera y bici como medio de transporte full time. Juvenil, con vidilla, cosmopolita y floreciente. ¿Qué más se puede pedir?

La visita fue escasa, lo justo para dejarme el venenillo de volver con más tiempo. Más cuando descubres que el hotel en que te alojas, en una esquinita de la preciosa Plaza del Capitol (el ayuntamiento), fue un centro de reclutamiento de voluntarios durante la ocupación. Sigue leyendo

La Roja, la imagen de todos

Durante años, como siempre caíamos en cuartos, en los mundiales iba con Argentina, mi segunda patria por afectividad, amistad y apego familiar.

Este verano cambió todo. Hasta finales de agosto todos vivimos en una nube, sentimos un triunfo como nuestro. Pensé que el triunfo en el mundial nos beneficiaba a todos. Algo extraño en mí. Hace tiempo que tengo claro que mi cuota de patriotismo tiene más que ver con la honestidad a la hora de pagar impuestos que llenándome la boca con topicazos.

No me confundí en las sensaciones. La imagen de España en el exterior va cada vez más ligada a «La Roja» (lo prefiero a «la nacional»). En Estambul conocí a Sergio Brotons, un alicantino (no me resistí a cantar lo del Postiguet) que vive en Francia y trabaja en Suiza, excelente conversador, buen compañero de viaje y muy ‘techie’. De hecho, su labor está centrada en ‘social media’ en HP. Me explicó cómo cada vez que viaja le felicitan y, hasta da la sensación de que le miran con otros ojos.

La pasada semana en Toulouse lo comprobé yo misma. No sólo charlando con los compañeros de Portugal, sino cuando Michal me preguntó por el beso de Iker y Sara Carbonero. Los italianos se sabían hasta la alineación. Hasta Steve Ballmer se acordó en su desayuno en el Ritz. Vivir para ver…

El fútbol nos invita a ponernos el mundo por montera.