Un regalo que son doce

El verano de 2007, Enrique Meneses me hizo un regalo por mi cumpleaños. Fue algo enigmático: «son doce regalos, para que así lo recuerdes».

Vio que me gustó tanto que lo ha mantenido desde entonces. Y de paso, me insiste en que no deje de hacer fotos.

Se trata una suscripción al National Geographic que devoro cada mes. Me entero de las últimas innovaciones en investigación sobre la naturaleza o las «cholita’s fight» en Bolivia.

Recordé lo mucho que celebro la llegada de cada nuevo ejemplar al ver que frente al Rouge Hotel estaba la sede del National Geographic en Washington DC. Todo un «serendipity».

Hotel Rouge en Washington DC

Rojo, rojo y más rojo. Vamos que estábamos en nuestra salsa, pero a mi hermana y a mi nos daba un poco de risa por el aire lumpen que se notaba en la atmósfera. Sin embargo, todo estaba bien, limpito, con su moqueta. A medio camino entre el downtown y Adams Morgan (mi barrio favorito en Wash DC y que descubrí gracias a la visita a Victoria hace unos años), en la zona de las embajadas.

El Rouge Hotel es también un lugar para cenar o tomar copas.

Ofrece wifi gratis, siempre que te registres en su web. Desde entonces, me envían periódicamente ofertas de la cadena Kimpton. Si lo quieres más rapidito, pasas por caja, pero navegar y ver el correo va de sobra.

No probé el desayuno, tampoco la pizza de cortesía y el vino que dan poco antes del mediodía.

El precio, si no recuerdo mal, fue inferior a 80 dólares la noche. Las dos habitaciones dobles eran amplias, como suelen ser en Estados Unidos.

11S Recordando a Bill Biggart

Siguiendo el meme lanzando por Juanlu os cuento que cuando los aviones se estamparon en las Torres Gemelas estaban hablando por tlf con Joao Folque. Se preparaba un Congreso de Ciudades Taurinas en Vilafranca de Xira, su pueblo, y ultimaba mi asistencia. Dejamos de lado la conversación taurina, obvio.

La última vez que estuve en Washington volví flipando del Newseum. Había una zona especial dedicada al 11S. No sólo se recordaba Nueva York, también el ataque al Pentágono.

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billbiggartDe NYC tenían ruinas a modo de recuerdo y algo todavía más especial. Lo que pudieron dar a la familia de un periodista comprometido con su oficio: Bill Biggart.

Cuando el primer avión chocó, él paseaba su perro por lo que hoy se conoce como Ground Zero (zona cero), junto a su mujer Wendy Doremus. Hacia las 8:45 de la mañana detectó una extraña nube gris por la calle. Al mismo tiempo escuchó que alguien gritó por la calle que un avión había chocado contra una de las torres. Tomó su equipo y llamó a su esposa: «Estoy a salvo, con los bomberos, en veinte minutos volveré a casa». No lo hizo. Cuatro días después de los atentados Doremus recibió los objetos que pudieron rescatar de su marido. Encontraron su cuerpo junto a la segunda torre.

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Biggart, de 54 años, fue el único periodista que murió a causa del ataque terrorista. Los trabajos de rescate sirvieron para recuperar tres cámaras, dos bolsas para cámaras, notas, acreditaciones de prensa… De las analógicas nada se pudo rescatar, de su Canon D30 se pudieron salvar cerca de 300 fotografías.

Limpio, lo que se dice limpio…

En Washington DC me llamó la atención este anuncio en el que se promociona el carbón como fuente de energía. En principio creí que era cosa de algún lobby.

carbon

Daban estos argumentos a favor del uso del carbón: «Abundante, asequible, nuestro. Tres razones por las que el 72% de los líderes de opinión apoyan el uso del carbón».

A mi siempre me pareció de lo más gris, contaminante, dañino… Este «Vida y artes» cambia un poco mi percepción.