Información «Martini»: Donde estés y la hora que estés

Aurelio Medel me ha sorprendido con su artículo «La prensa y el ‘efecto Martini'». Quizá porque ya estaba aburrida con que sí el papel va a durar para siempre y con que si el papel ha muerto y no nos hemos enterado. Echaba en falta algo de sentido común.

Hoy estamos ante un ciudadano que quiere que el vermut sea Martini, que la banca se la haga su entidad de siempre y con todos los canales posibles, y que la información se la sirva su mismo periódico y en todos los soportes. Quiere que sus marcas le den acceso a lo que él necesite donde esté y a la hora que esté.

Periodismo, sin mirar la factura

Hace poco celebraba que el NYT hiciera periodismo sin mirar la factura. Me siento orgullosa cuando en «mi casa» se hacen cosas como esta o los Cuadernos de Kabul de Ramón Lobo.

Creo que las reflexiones de Ramón sobre qué va a la web y qué al papel, los enfoques y la coberturas merecen debate  y lectura detenida.

El periódico que sobrevivirá será un producto con un contenido de calidad por el que merezca la pena correr al quiosco y pagar: exclusivas, entrevistas a fondo, grandes reportajes, un El Roto, que siempre ayuda la inteligencia, mucho análisis y opinión informada, no la tertuliana… En ése periódico imaginario textos como Los Cuadernos de Kabul deberían haberse publicado sólo en el papel y el resto de la cobertura diaria, exceptuando los grandes reportajes, sólo en Internet. Dar gratis lo que tienen todos; cobrar por lo singular.

Me gustaría que Ramón, algún día, nos contase los ajustados presupuestos que hace de cada viaje, su planifición y el coste real, no sólo de dinero, sino sobre todo de profesionalidad, ilusión y salud.

Ah, si algo he aprendido con él, poquito, es que debo tener alergía a la «firmitis», enfermedad extendida en la profesión.

El futuro de la prensa

Este domingo John Carlin escribió un interesante reportaje sobre el momento revolucionario que viven los medios con a llegada (hacía tiempo pero parece que se dan cuenta ahora) de Internet.

En «El momento crucial» me llaman la atención algunos párrafos:

Nunca ha habido una mejor época para hacer periodismo escrito, y nunca ha habido una peor para ganarse la vida ejerciéndolo

La idea, que Bennett apoya de manera entusiasta, es que la fusión de los dos tipos de cerebros, los del periodismo clásico y el digital, ayuden a crear un nuevo modelo viable.

El gran consuelo del periodista, o del que aspira a serlo, es que lo que él hace no es una moda fugaz. Ha existido y ha estado en ininterrumpida demanda desde mucho antes de la aparición de Internet; mucho antes de la primera imprenta; mucho antes, incluso, que la invención de la rueda. Hace 30.000 años había un grupo familiar o tribal que se sentaba alrededor de un fuego en una cueva. Y ese grupo tenía necesidad de oír las noticias del día o de la semana o del mes. No tenían fotógrafos, pero sí especialistas que cumplían el mismo papel: los que dibujaban la caza del mamut en la pared. No tenían periodistas, escritores como los de hoy, pero sí contadores de historias

Nos gustan las zancadillas

Cuando teníamos que ser fiables e infalibles, se mete la pata hasta el corvejón. Ícaro vaticinó que 2009 sería el año del análisis de cifras en la red. Ha dado en la diana. (Ícaro, ya no puedes ser gurú, porque has acertado; los gurús siempre echan la culpa al empedrado y es lo que mola).

No hemos llegado a la mitad del año y hemos tenido con elmundo.es el primer milagro de los panes y los peces. ¿Alguien se lo cree?

A diferencia de Avinash, Adrián siempre está cuando se le necesita.